EL CURRÍCULUM

JESÚS MORÁN, JEFE DE LA UNIDAD DE DOCENCIA DEL HOSPITAL DE CRUCES DE BARAKALDO

“Ningún otro hospital en España forma al médico por competencias”


Javier Barbado. Madrid / Responsable de la formación de residentes en el Hospital de Cruces, el entrevistado recibe no obstante al periodista en el pabellón docente del Ramón y Cajal de Madrid, uno de los grandes centros del país en su momento apodado como “piramidón”. Muy cerca de las aulas adonde acude el estudiante de Medicina de la Universidad de Alcalá de Henares –la que guarda relación con el hospital madrileño–, este profesor expone la razón de ser de su proyecto pedagógico en Osakidetza, el Servicio Vasco de Salud, que encierra un cambio de paradigma en la enseñanza médica, porque no sólo se preocupa de la formación teórica y de la aplicación mecánica del conocimiento. También repara en la destreza del médico para comunicarse con el paciente y responder a las exigencias de los nuevos tiempos.

El Plan de Gestión de la Formación Especializada de la Unidad de Docencia Médica que usted dirige en el Hospital de Cruces, acaba de ser premiado por la cátedra de Educación Médica de la Fundación Lilly y de la Universidad Complutense de Madrid. ¿Cuáles son las líneas generales de este plan?

Este plan o proyecto es la síntesis de un trabajo que veníamos desarrollando ya desde hace varios años (más de diez). Tiene dos pilares fundamentales. Por una parte, el compromiso que tiene un hospital ante la sociedad derivado de la acreditación docente. Por tanto, tenemos que responder a la sociedad con las mejores innovaciones posibles en materia formativa.

En segundo lugar, dónde queremos llegar, es decir, qué tipo de profesional de la salud (médico u otro profesional sanitario) queremos formar por la vía de la formación especializada, y cómo queremos que sean sus competencias. Esto lo hemos definido como la visión de un modelo de ser médico, y hemos adoptado el modelo de siete dominios competenciales que el Instituto Internacional de Educación Médica de Nueva York definió en el año 2002. Lo hemos hecho con añadidos o matices, que ya incluyó Estados Unidos en la década de los noventa en un modelo de seis dominios competenciales, algo que también hizo Canadá. Esos dominios competenciales son válidos para cualquier especialidad.

Después hay una parte instrumental, que es la gestión por procesos derivada de la calidad, que no es más que un método de trabajo. Pero la base del proyecto es ésta.

¿Cree que los médicos residentes deben adaptarse a los cambios sociales? No debe de ser igual ejercer la Medicina ahora que hace veinte años…

El ámbito de la educación médica, de una manera explícita o intuitiva, ha ido variando a lo largo de los años, sobre todo en el caso de la educación médica moderna. ¿Qué cambios suceden ahora mismo? Hay que hacer análisis de los cambios sociales, explicitarlos, porque influyen en la práctica profesional. Desde los cambios económicos a la multiculturalidad, la inmigración, la enfermedad crónica, los diferentes modelos de organización sanitaria, los hospitales de alta resolución o los modelos de consulta, aspectos éticos y judiciales… Todo esto es cambiante en la sociedad e influye en la relación médico-paciente y, por tanto, de ahí debe deducirse qué perfil de competencias tiene que tener un profesional de la salud para resolver y abordar a este nuevo paciente que tiene distintos valores.

«Hemos adoptado el modelo de Instituto Internacional de Educación Médica de Nueva York»

Por tanto, trabajar en competencias es ir adaptándose y adelantándose a lo que el médico o el profesional de la salud deberá resolver el día de mañana cuando salga de la universidad. En realidad esto es igual para la formación universitaria que especializada, o incluso para el desarrollo profesional continuo. Nosotros hemos ido adquiriendo competencias a lo largo de nuestra vida en aquellas materias que no aprendimos en nuestra época, por ejemplo el manejo de internet o de grandes bases de datos (no existían entonces). Las competencias son dinámicas y hay que ir adaptándolas progresivamente a las necesidades sociales que van a influir en la práctica profesional o sanitaria.

Precisamente iba a preguntarle acerca de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Acaba de celebrarse en Madrid el XIII Congreso Nacional de Informática de la Salud, en el que se da por hecho la necesidad de que los sanitarios se adapten al “cambio de modelo organizativo” por medio de las TIC. Los residentes con frecuencia se quejan de la dificultad de adaptarse a programas informáticos todavía lentos o poco prácticos.

Las tecnologías de la información son instrumentos básicos no sólo para la gestión de la información, sino también para la del conocimiento. Hoy los jóvenes manejan gran cantidad de aparatos (iPhone, iPod…) que nosotros no manejábamos en nuestra época, y eso les confiere una serie de habilidades que, de paso, les proporcionan una serie de competencias para manejar las tecnologías de la información, de manera adecuada, para el desarrollo de la práctica profesional.

«La clave no está en los instrumentos, sino en el cambio de cultura de los formadores de educación médica»

Esto está claramente definido, por los expertos en educación médica mundial, como nuevos horizontes y elementos a tener en cuenta dentro de la formación médica universitaria y especializada. ¿De qué manera va a influir? Yo no soy experto en tecnologías de la información, pero no cabe duda de que, de entrada, mejora el acceso a la información.

Otra cosa es que no es lo mismo conocimiento que información. Hay que cribar ésta y hacer una lectura crítica, algo que obedece a una metodología (Medicina basada en la evidencia) que también constituye una competencia, en el argot que hemos aplicado en el Hospital de Cruces conocido como análisis crítico, autoevaluación, autoaprendizaje y manejo, en fin, de los conceptos de la investigación y de la información. Esto en sí mismo es un gran avance.

Otra cosa es que, luego, los sistemas aplicados a la gestión de centros de salud (o gestión hospitalaria en general) sean elementos que puedan tener dificultades de tipo técnico. Pero ahí no entro porque no es mi materia. Sería una cuestión aparte.

Hablamos de la estrategia del Hospital de Cruces. ¿Va a extenderse esta manera de trabajar de los médicos internos residentes (MIR) a otros hospitales del País Vasco o incluso de otras comunidades?

No conocemos (o yo no conozco) hasta la fecha ningún hospital, en España, que haya planteado un objetivo de formar a especialistas a partir de competencias profesionales. Probablemente otros lo harán de manera inmediata, ya que es un área de trabajo en la que muchos estamos con la misma mentalidad, el mismo cambio de cultura. Conozco a muchísimos jefes de estudio en España que son extraordinarios líderes profesionales y que gestionan sus hospitales con los criterios que consideran adecuados, pero no conozco un modelo como éste.

«La titulación no refleja la competencia, sino que da un marco global de formación»

Nosotros creemos que debemos trabajar de esta manera, es decir, con coherencia en el ámbito internacional (mundo anglosajón y mundo derivado del Plan de Bolonia) y en el propio ámbito formativo de nuestro hospital. Es decir, trabajar en el modelo de seis dominios competenciales, pero aplicarlo al desarrollo de programas y a la evaluación de resultados. Además se trata de trabajar con miras puestas más allá del mero objetivo inmediato: qué quiero obtener al final del camino y cómo lo evalúo.

Éste es un trabajo largo y, si otros hospitales entran en ello, tendremos la oportunidad de trabajar conjuntamente. A veces el trabajo se organiza así, es decir, con pequeñas áreas piloto o pequeñas experiencias concretas.

¿Hasta qué punto su estrategia se adapta a la nueva realidad del Plan de Bolonia?

No soy persona cualificada para hablar de la universidad. No obstante, como soy el presidente de la Sociedad de Educación Médica de Euskadi, y también permanezco a la junta directiva de la Sociedad de Educación Médica española, conozco algo este campo. Este año comienza la reforma de los planes de estudios en las universidades a partir del Plan de Bolonia, lo que debe de ser una situación compleja tanto en lo organizativo como en las competencias del propio profesorado.

Bolonia ya no centra la formación médica en la enseñanza, sino en el aprendizaje del propio estudiante. Éste “autoaprende” con la orientación del profesor. Ellos han definido los dominios competenciales, que son estos siete de los que hemos hablado [profesionalidad, comunicación, destreza clínica, conocimiento, gestión de recursos, autoaprendizaje y manejo de la información] –está publicado en el BOE–.

Por nuestra parte, ya en 2004 chequeábamos en estos dominios competenciales (desglosados en una serie de preguntas) a los residentes recién salidos de la Universidad e incorporados a nuestro hospital. Tratábamos de averiguar cómo se veían respecto a las competencias adquiridas en el periodo universitario. Eso nos permitía reorientar los programas complementarios de formación. Por ejemplo, si en aspectos de ética o de manejo de información se percibía déficit, se ponía un curso de formación ad hoc.

«Trabajar en competencias es ir adaptándose a lo que el médico deberá resolver cuando salga de la universidad»

Ahora toca diseñar programas por competencias. Holanda, por ejemplo, desarrolla desde 2004 un programa de formación especializada basado en competencias y, además, acaba de editar los dos primeros programas de formación por competencias profesionales, lo que da una idea de lo largo que es el proceso. Este país ha puesto mucho dinero encima de la mesa para desarrollar estos proyectos a muy largo plazo. Estados Unidos, por su parte, lleva trabajando en ello desde los años 1994-1995. Y Canadá, desde 1998-1999. Son procesos muy largos donde la clave no está en los instrumentos o en un aspecto u otro del programa, sino en el cambio de cultura de los formadores de educación médica. Todos hemos tenido que cambiar e ir aprendiendo poco a poco.

¿Cree que el Ministerio de Sanidad y Política Social es el organismo español al que le corresponde guiar este proceso de adaptación en la formación de los médicos?

El Ministerio de Sanidad tiene una enorme responsabilidad, porque es donde está centrado el sistema MIR o ahora llamado sistema de formación especializada (dado que se une Enfermería con Medicina en el campo de Ciencias de la Salud). Y lleva liderando el proceso durante años por medio del Consejo Nacional de Especialidades.

Ahora hay un nuevo marco muy importante, que es el Real Decreto de Formación Especializada del año 2008 (183/2008). Se trata de un marco muy abierto y puede verse, por ejemplo, que la palabra “competencias” aparece muchas veces. Hablamos, pues, de competencias y de evaluar en competencias. Es un marco abierto para desarrollarlo, y me consta que el Ministerio tiene grupos de trabajo para desarrollar sistemas de evaluación, cómo tiene que ser el Libro del Residente… Nosotros, a través de la Asociación de Redes Docentes y Asesoras del Estado (Areda) –donde están a los jefes de estudio y tutores españoles– hemos colaborado en una propuesta sobre el Libro del Residente (está en estudio).

Todos tenemos que aprender porque, como digo, es un cambio muy importante en la manera de trabajar: ya no se hace por objetivos en enseñanza, sino por competencias finales a alcanzar. El Ministerio lo está liderando junto con las comunidades autónomas. Hay reformas organizativas y otras de tipo conceptual o internas a partir del desarrollo de programas. Es un camino muy largo.

¿Cómo es el Libro de Residentes en el Hospital de Cruces?

Hace diez años decidimos que el Libro de Residentes fuera un instrumento útil para el propio residente, en el sentido de que le sirviera para reflexionar sobre su práctica profesional; que fulera útil para el tutor de modo que pudiera ver cómo piensa el residente sobre sí mismo; y que también fuera útil para alguien ajeno al hospital, que pudiera ver reflejado lo que se hace, cómo ve la Medicina el residente… Está firmado, documentado y validado por distintos supervisores y por la propia dirección del hospital y la jefatura de estudios.

Tiene dos aspectos: lo cuantitativo, es decir, cuántas cosas ha hecho, y lo cualitativo, que responde a una reflexión del residente sobre su práctica profesional. Un profesional sólo aprende cuando explicita sus reflexiones sobre situaciones vividas en la práctica. ¿Y qué hemos hecho en los últimos tres años? Introducir la variable de los siete dominios competenciales. Yo a los residentes les digo: reflexionen sobre habilidades profesionales y éticas, clínicas, manejo de la profesión, salud pública en el sistema sanitario… en conjunto o por cada área de trabajo en la que han estado a lo largo del año.

Le puedo decir que la lectura de esos libros guarda una extraordinaria riqueza, porque es donde un residente expresa qué dificultades tuvo, a qué se enfrentó, dónde tuvo problemas y cómo abordarlos. Acabo de impartir un curso en el Hospital Ramón y Cajal sobre estos temas, y hemos visto que es importante ver cómo piensa el residente.

«Supervisores, jefatura de estudios y dirección validan el llamado Libro de Residentes»

¿Cree que el gerente o directivo de una organización sanitaria debería ser médico, es decir, precisa de formación médica para desempeñar su labor?

La pregunta se desvía del tema de la formación por competencias profesionales. El título no demuestra la competencia. Lo que lo demuestra es saber hacer las cosas bien (los valores). Y otra cosa muy importante es el saber estar (las actitudes). En el mundo de la gestión, usted puede ver empresa privadas de química en las que el director general es un psicólogo. No tiene por qué haber un título para ejercer algo. Otra cosa es que haya aspectos legales en el mundo de la Medicina. Pero la titulación no refleja la competencia. Da un marco global de formación. Pero en la gestión hospitalaria el que mejor lo haga puede venir de muchos ámbitos. Yo he tenido a gerentes con distintos perfiles (economistas, médicos) y lo hacen muy bien. En este sentido no hay ninguna doctrina.