GESTIÓN Autonómica

CONSEJERO DE SALUD DE CASTILLA-LA MANCHA

Lamata: “La gestión directa es más eficiente, segura y sólida”


La región se enfrenta a un momento clave con el Plan de Salud 2011-2020

Óscar López Alba / Imagen: Daniel Gómez. Toledo / Dos nuevas leyes, la de derechos y deberes en materia de salud, y la de personal estatutario de inspección y evaluación de servicios sanitarios, quieren acercar el sistema sanitario castellano-manchego más a la excelencia. El consejero de Salud y Bienestar Social de Castilla-La Mancha, Fernando Lamata, repasa con Publicación de Directivos de la Salud nuevas normas, y analiza diversos asuntos de la actualidad sanitaria de la región, como las nuevas infraestructuras hospitalarias o la apertura de facultades de Medicina.

¿Qué aporta la Ley de derechos y deberes en materia de salud?

Es una ley importante, que coloca a nuestro sistema sanitario en una posición avanzada, moderna, para los nuevos retos que tiene la atención sanitaria en el siglo XXI. Hemos ido transformando las necesidades de los pacientes por la evolución demográfica, por la de las patologías, por la cronicidad, y también hemos ido cambiando los modos de uso de los servicios sanitarios, la frecuentación en las consultas, en urgencias. Esta ley intenta reunir estas transformaciones y pone el acento en la necesaria correponsabilidad de profesionales y ciudadanía. Tienen una relación que requiere confianza para dar seguridad, también requiere respeto, afecto, pero también una utilización responsable y mesurada de los servicios sanitarios, que son muy caros, y hay que cuidarlos para cuando de verdad los necesitamos.

La ley incide en algo muy importante: no hay buen ejercicio de un derecho si no hay antes la asunción de una responsabilidad. Como ciudadanos debemos ser exigentes en el cumplimiento de los derechos, y exigentes con nosotros mismos en el cuidado de nuestra salud y en el uso responsable del sistema.

Al mismo tiempo, recordamos los deberes de los profesionales, que los tienen, como una atención cuidadosa al paciente y poner todo su saber en su beneficio, pero también sus derechos, como a la estabilidad en el empleo, a una buena formación, y a contar con el apoyo de la institución sanitaria para el buen desempeño de su actividad profesional.

Es esa suma de derechos y deberes de pacientes y profesionales lo que nos llevará a la senda del éxito en la atención sanitaria en el siglo XXI. Igualmente hay que señalar que en el desarrollo de esta ley se recoge una exigencia de esas responsabilidades para aquellos pocos casos que incumplan esas obligaciones, y hay un capítulo de sanciones, por ejemplo una falta de respeto a otro paciente o al acompañante, al profesional o un deterioro injustificable de un bien público en un hospital o en una sala de espera, o alguna mala actuación profesional en algún caso. Son excepciones dentro de las 100.000 personas que atendemos cada día en Castilla-La Mancha.

¿Existe impulso consumista por parte de algunos usuarios del sistema?

El consumismo es algo que vivimos a través de la televisión, de los escaparates. En algunas ocasiones eso afecta también al uso de los servicios sanitarios y ese consumo sanitario para curar nuestros malestares, que no nuestras enfermedades, esa exigencia mal entendida de ‘como pago tengo derecho’, ese tipo de actitudes, no siendo frecuentes, es perjudicial para el sistema y las intentamos prevenir y si es posible superar con esta ley.

¿También recoge esta legislación una especial protección al profesional sanitario ante las agresiones?

No creo que haya más agresiones que antes. Es verdad que son más visibles, y por lo tanto tenemos más conciencia. El grado de resistencia al disconfort ha bajado entre los pacientes, y una respuesta que consideran negativa, como puede ser ‘tiene que esperar’, genera una protesta. Los casos de agresiones físicas son poco con respecto al conjunto de 100.000 personas que atendemos todos los días, aunque esto no significa que no tengamos unos planes de respuesta con programas de protección al profesional para evitar ese riesgo. Esta ley tiene mucho que ver en el sentido de que quiere potenciar el respeto mutuo en la relación médico-paciente y de saber que esa atención tan importante y costosa hay que cuidarla, y el primer paso es cuidar al profesional que se va a ocupar de nuestra salud.

Hay que poner en valor el trabajo del profesional. A lo largo del desarrollo de esta ley, que entrará en vigor a finales de año, iremos emitiendo una serie de campañas de comunicación dirigidas especialmente a la ciudadanía, a través de colectivos como las asociaciones de pacientes, centros de jubilados, etc.

La ley de creación de las categorías de personal estatutario de inspección y evaluación de servicios, ¿cómo va a mejorar la calidad asistencial que existe ahora?

De alguna manera el objetivo permanente de mejorar la calidad de los servicios sanitarios nos exige un grupo de profesionales que estén atentos a la evaluación de la calidad. Estos inspectores y subinspectores mejoran también la seguridad a la atención a los pacientes. Por eso hemos querido fortalecer el papel de estos profesionales con una normativa que les permita disponer de mejores herramientas y oportunidades para su desarrollo profesional y por lo tanto, ese mejor desarrollo redundará directamente en la mejora de la calidad de la atención a los pacientes. Creo que es una ley importante, vanguardista, como ha reconocido la propia sociedad y los profesionales expertos en la materia, y puede señalar una forma de trabajo interesante de un equipo que ha hecho grandes aportaciones, y que había que renovar.

Dentro de los nuevos escenarios que se plantean al sistema sanitario está su protagonismo en la atención a los dependientes. ¿Cuál es la situación ahora en Castilla-La Mancha, después de haber integrado Salud y Bienestar Social bajo el paraguas de una misma consejería?

Estamos apuntando un posible desarrollo. Es verdad que somos innovadores, como lo han sido también en Extremadura. El Ministerio de Sanidad y Política Social ha tomado también la decisión, creo que acertada. Estamos viendo muchas sinergias. Yo mismo, que vengo del ámbito de la sanidad, estoy aprendiendo muchísimos del ámbito de los servicios sociales.

Por ejemplo, cómo mejorar la salud mental de las personas mayores. Visto desde sanidad, hablaríamos de programas de prevención de algún trastorno psiquiátrico con algún tipo de medicación preventiva. Visto desde el área de servicios sociales, la mejor manera es haciendo ejercicio físico, echando la partida en los centros de personas mayores, participando en los programas de ocio saludable, fomentando el voluntariado y la generosidad entre ellos, etc. Hay que hacer coincidir los programas de salud con un conjunto de programas, actividades y servicios que potencien esa atención.

Desde los servicios sociales se puede hacer una labor preventiva muy importante. Por ejemplo ahora, con el calor, es mejor prevenir con programas en centros de la tercera edad, que tener que atender a esas personas mayores en el hospital ya cuando les ha dado el golpe de calor.

Sobre esta base estamos desarrollando nuestro Plan de Salud 2011-2020. Teniendo en cuenta el cambio demográfico, la cronicidad y otros factores, se abren nuevos escenarios en los que el paciente va a tener que aprender a cuidar su salud y su enfermedad. Podemos contar con el entorno, con programas específicos de formación a familiares y a cuidadores. El paciente debe asumir esa corresponsabilidad para cuidar mejor de su salud y hacer un uso más responsable del sistema sanitario.

Desde el punto de vista de los servicios sociales, los casos de exclusión social por drogodependencias, salud mental, personas explotadas en redes de prostitución, dificultades por la llegada a nuestro país… Son elementos que generan tensión y riesgos para la salud. La atención social va a prevenir parte de estos problemas.

Hay muchos elementos de sinergias. Ese plan lo que hace es contruir herramientas que son de información comunes, rutas asistenciales para diferentes procesos, entrenamientos de las personas para controlar su propia enfermedad. La sociedad del siglo XXI es más compleja y requiere de este tipo de herramientas. El acento en los sistemas de atención no va a ser tanto la integración jerarquizada de los sistemas.

No me interesa tanto que los servicios sociales dependan del mismo gerente de los servicios sanitarios, sino que se entiendan bien y que tengan un lenguaje común, procesos de atención comunes, para saber cada uno lo que tiene que hacer, y también de sistemas de evaluación e investigación comunes, y unas herramientas muy flexibles.

Aquí van a tener un capítulo muy importante las nuevas tecnologías. Como ejemplo podemos mencionar que en Castilla-La Mancha estamos apostando por el desarrollo virtual, como con el programa Ykonos de imagen digitalizada que permite que tengamos ya un centro virtual de radiodiagnóstico que posibilita el acceso desde cualquier lugar de la región.

Queremos también potenciar la atención a distancia en campos como la atención a la salud mental, en rehabilitación, en procesos de consulta de distintos tipos de problemas crónicos. Conectará profesional sanitario y paciente, y profesional y profesional. Todo unido a la red de servicios sociales.

Habla de nuevas tecnologías, pero en Castilla-La Mancha también hay una apuesta tangible por las infraestructuras. ¿Cómo van los nuevos hospitales?

Ciudad Real es un hospital que ya está funcionando. Estamos contentos. Ha sido un proceso de innovación. Era un centro que hace algunas décadas contaba con 40 médicos y hoy son casi 400. Estamos hablando de una transformación rápida en poco tiempo. Desde las tranferencias ese despeque ha sido espectacular, tanto en recursos humanos como en infraestructuras. En el resto de la región hemos ido haciendo nuevos hospitales, en Almansa, en Villarobledo, en Tomelloso, y otros completándolos, haciéndolos casi nuevos, como en Talavera, en Alcázar de San Juan, el de Hellín, Valdepeñas o Manzanares.

Además de eso, en la nueva etapa tenemos en marcha el nuevo hospital de Toledo, que quiere hacer frente al gran crecimiento poblacional. También en Guadalajara, que es la provincia en la que su población más ha crecido en tasa. Guadalajara también tendrá un nuevo hospital en la medida que el actual centro universitario se va a duplicar con otro bloque, que multiplicará por dos su capacidad asistencial.

Cuenca es un nuevo hospital que está en la fase de adjudicación y esperamos poder comenzar las obras a final de este año, y en Albacete un nuevo complejo, también partiendo de la actual ubicación, duplicando también los espacios para asistencia e investigación.

¿No afectará la crisis económica a estos proyectos?

Hemos sido prudentes en cuanto a la calendarización de estas inversiones, situándolas en un ritmo que nos permita ir afrontándolas progresivamente. Pero también, el Gobierno de Castilla-La Mancha sabe que tenemos que seguir apostando por la innovación y que uno de los sectores estrégicos para la región y para España es el sector sanitario, que aporta riqueza, cohesión social, mejora de salud, y es uno de los sectores más innovadores en la investigación, en la biomedicina, genera conocimiento y beneficios ligados a él. Si queremos hablar de un nuevo productivo en España, esa inversión sanitaria es rentable, porque moviliza la riqueza de la sociedad. Castilla-La Mancha lo ha meditado bien. En ese espacio de tiempo entre 2011-2020 esperamos que esa inversión esté ejecutada y que complete la red comenzada en la anterior década.

¿Se han planteado en Castilla-La Mancha la gestión mixta para sus centros?

Llevo muchos años trabajando en este sector, por lo que está cuestión claro que ha salido. Mi tesis doctoral está basada en comparación de los sistemas sanitarios y los procesos de reforma. A nosotros nos ha ido bien la gestión directa. Definimos los recursos en función de los presupuestos asignados. Ha sido eficiente, la típica del Insalud. Al no existir hace décadas una sanidad privada potente, en los 60 y los 70 se hizo un despligue espectacular para construir las residencias de la Seguridad Social. Fue algo que no ha tenido parangón en Europa.

Hemos heredado ese modelo, que ha estado funcionando bien. Y como dicen, cuando funciona la tubería, no intentes arreglarla. He defendido siempre este modelo porque es el que da más calidad a menor coste. Que se quieren ensayar otras fórmulas, que se haga. En Castilla-La Mancha somos muy prudentes, utilizamos algunos elementos de concierto menores, que nos han ido bien, pero no utlizamos esos modelos como el Alzira, que se está utilizando en la Comunidad Valenciana, y ahora en Madrid, o los PFIs, o la fórmulas de financiación de la inversión, etc. Salvo en Cataluña, por ahora son fórmulas minoritarias en el conjunto de España.

No critico ni pretendo valorar lo que se hace en otras regiones. Conozco muy bien Cataluña y sé que lo están haciendo bien. Conozco Madrid, y sé que los profesionales van a hacer un buen trabajo. En cualquier caso, creo que la gestión directa es más eficiente, segura y sólida, y por eso apostamos por ella.

La nueva facultad de Medicina de Ciudad Real, ¿considera que es necesaria? Las organizaciones profesionales médicas claman contra la construcción de más centros...

Las organizaciones profesionales hacen un análisis diferente de la situación porque la responsabilidad que tenemos nosotros y la que tienen ellos es diferente. La Organización Médica Colegial (OMC), los estudiantes y los decanos tienen su planteamiento, pero es cierto que desde hace 10 años en el ámbito de la gestión hemos tenido dificultades para contrartar médicos en España. Durante este tiempo hemos tenido que importar médicos desde otros países. Lo que significa que había déficit. En los años 70 hay una sobreproducción de médicos, 10.000 por año.

Después se bajó notablemente durante varias décadas, en las que creció la población, aumentó la cronicidad, se avanzó en nuevos procedimientos quirúrgicos, hubo más aportaciones tecnológicas.

Todo eso produjo ese déficit que provocó que los gestores tuvieran que traer médicos de Polonia, de Argentina, de Uruguay, de Marruecos, algo que generaba dificultades por temas de titulaciones y homologaciones. En 2005 logramos que el número de estudiantes de Medicina subiera hasta 5.000, y ahora ya está camino de los 7.000 egresados anuales.

En cualquier caso, esta cifra no puede ser rígida, porque dependerá si pagamos por jornada o por acto médico, del tipo de organización del sistema, de si se liberaliza la atención sanitaria, con libranza de guardia, etc.

Para el modelo actual, con gestión directa, nos hacían falta más profesionales. La advertencia de la profesión médica tiene también su razón, que no disparemos el número, y que se ofrezca una formación de calidad. Hay que evitar desajustes también con el número de las plazas MIR. Hay que hacer una planificación flexible, que lo que vale hoy puede que no valga dentro de tres años.

Hemos de tener médicos suficientes en España para atender las necesidades de los servicios de salud públicos y privados, sin tener necesidad de recurrir a otros países, descapitalizando sus sistemas sanitarios. Soy partidario de que las nuevas facultades, como la de Ciudad Real, sean ejemplo de calidad en la formación.

¿Existe algún déficit concreto de especialistas en Castilla-La Mancha?

Hay dificultad muy puntual en alguna especialidad como es Cirugía Pediátrica, y en Medicina de Famillia, por el sistema organizativo, en el que hay que contemplar las vacaciones, los moscosos, los canosos, las libranzas, etc. En las plazas de la región que están ofertadas fijas la cobertura es suficiente, pero para hacer esos remplazos hay un margen de crecimiento que es necesario.

En Anestesiología también hay casos concretos en algún hospital, o en alguna cirugía. En estos años hemos hecho un esfuerzo para lograr una dotación de recursos humanos suficiente, y ahora hay que estar atentos a los picos de jubilación en determinadas generaciones.