EL CURRÍCULUM

MIGUEL ÁNGEL ASENJO, DIRECTOR TÉCNICO DEL HOSPITAL CLÍNIC DE BARCELONA

“El buen camino de la Sanidad está en Madrid y Valencia”


Recuerda que las dos autonomías, las más próximas a la gestión privada, son las que menos gastan por paciente al año

Javier Barbado. Vídeos: Eva Costa / Es probable que, en unos pocos años, los interesados en la historia reciente de la sanidad española dispongan de parte de las memorias laborales de este extraordinario médico, director, docente e investigador. Pero ésa será sólo una de sus metas tras jubilarse, la de escribir sobre sus cuarenta años al frente del Clínic de Barcelona. En realidad, en su caso no puede hablarse de retiro, porque le será concedida la condición de profesor emérito, reservada, como se sabe, a quienes acumulan excepcionales méritos en lo académico y en lo profesional. A lo largo de la conversación con el periodista, el entrevistado justifica, sin pretenderlo, ésa y otras concesiones y reconocimientos, bien merecidos, y desvela algunas de la sencillas claves para conseguirlos. Por lo general, podría decirse que el trabajo metódico y la humildad sientan las bases de sus consecuciones, más debidas al trabajo de fondo que a la suerte o al esfuerzo a corto plazo. A partir de esas virtudes tal vez se comprenda su adaptación a las nuevas tecnologías y su buena valoración global de la evolución en España de la sanidad, dos percepciones que adquieren especial valor en una persona con la perspectiva de casi cincuenta años en el oficio.

Usted ha declarado que nada le ha decepcionado en el escenario a que se enfrenta la sanidad en el nuevo milenio. Por el contrario, resalta su fascinación por internet y su aplicación a la gestión sanitaria, entre otros muchos logros comunes. Deduzco que ha sabido adaptarse a las nuevas tecnologías, ¿no es así? Explíqueme cómo hace uso personal de ellas en su actual desempeño profesional.

La adaptación no ha sido difícil ya que el Clínic, al comienzo de los ochenta, fue pionero en introducir dicha tecnología. Creó la necesidad y nos facilitó el aprendizaje. El uso personal que hago es permanente, sobre todo, en la faceta de información, previa al conocimiento, que sería la información captada, reflexionada y útil, que es básica para la correcta acción.

Tan pronto como llego al despacho leo el correo, y selecciono los asuntos según su urgencia e importancia. Si son urgentes e importantes los resuelvo inmediatamente, si no lo he hecho antes de llegar al despacho. Si son urgentes, pero no importantes, los delego. Si son importantes, pero no urgentes, esperan y, si ni son urgentes ni importantes, los suelo borrar. Estoy permanentemente conectado y eso me facilita mucho la tarea y soy mucho más eficiente. Para la comunicación resulta imprescindible el uso de internet y sin comunicación es casi como si no existieras.

Se ha reconocido su trayectoria con multitud de galardones. Pero, además, se ha hecho constar como referencia profesional en libros y escritos académicos, lo que constituye un paso cualitativo en el reconocimiento de la comunidad científica internacional. Sin duda eso justifica, por ejemplo, su condición de miembro de la Real Academia Nacional de Medicina y de otras varias de rango autonómico o incluso extranjero (Nacional de México), así como el merecido homenaje el pasado año en el Congreso Nacional de Hospitales celebrado en Extremadura. ¿Cuál es el origen de su vocación académica, claramente demostrada, y cómo piensa prorrogarla una vez se jubile a finales de este año?

Tiene mucho que ver, supongo, con el ambiente familiar empezando por mi madre que era la maestra del pueblo donde nací y viví y que fue mi profesora hasta los nueve años, cuando me enviaron al Colegio de La Salle de Valladolid. En la familia hay muchos docentes: mi hermana es catedrática de Matemáticas y su marido también y de la misma asignatura. Un tío y mi suegro fueron catedráticos de Patología Medica y otros varios familiares han ejercido la docencia.

Mi vocación académica la prorrogaré, como Profesor Emérito, en el Departamento de Salud Pública; como asesor, en el Instituto de Formación Continuada de la Universidad de Barcelona y en la Unión Catalana de Hospitales; como conferenciante regular en el máster, y como miembro numerario de la Real Academia de Medicina de Cataluña participando en sus actividades. Pienso también seguir aceptando las invitaciones de este tipo que espero seguir recibiendo.

Pertenece a la Sociedad Española de directivos de la Salud (Sedisa). Esta agrupación, como usted sabe muy bien, nació en 2004 como resultado de la fusión de dos colectivos: la Sociedad Española de Administración Hospitalaria y la Sociedad Española de Directores y Gerentes de Hospitales y planificación Sanitaria. ¿Puede recordarme de cuál de las dos fue miembro, si no me equivoco desde 1965? Explíqueme, por favor, qué utilidad tienen este tipo de asociaciones, cuáles son sus principales aportaciones y qué beneficios le han reportado a usted.

Lo fui de la de Directores y Gerentes de Hospitales que, efectivamente, se constituyó con motivo de la finalización, en junio de 1965, del Primer Curso de Directores y Gerentes de Hospitales celebrado en Madrid, al que acudí como alumno y que se celebró en desarrollo de la primera Ley de Hospitales de España de 1962. Recuerdo que a la entrevista que acudí, como miembro de la Junta directiva, para presentar los Estatutos de aquella primera asociación, nos recibió el Ministro de Gobernación, ya que la Sanidad estaba adscrita a dicho Departamento, y cuyo titular era el famoso, por diversas razones (muchas de ellas poco humanitarias), don Camilo Alonso Vega.

Estas asociaciones son muy útiles, aportan cohesión a sus miembros, ayuda de diverso tipo incluida la docente y defensa colectiva, mitigan la soledad del directivo, etc. Es verdad que, a lo largo de estos cuarenta y cinco años, ha habido épocas de escasa actividad. Pero el actual presidente, el Doctor Joaquín Estévez, además de afectuoso e inteligente, es de una efectividad extraordinaria, y Sedisa aparece en los foros sanitarios y empresariales más importantes. Sus miembros confían en ella y, como sabe, organiza el Congreso Nacional de Hospitales que, cada dos años, reúne a más de 1.500 participantes.

Sus orígenes explican, en parte, la brillantez de su trayectoria profesional. Me refiero a que usted, durante etapas claves de la vida como la infancia y la adolescencia, fue hijo y nieto de médicos. Así, acabó el Bachiller en Valladolid con Matrícula de Honor en 1957, y la licenciatura de Medicina con Premio Extraordinario en 1964. ¿Puede remontarse a la España de entonces y, en concreto, a cómo vivió usted aquellos años de posguerra y del franquismo?

Efectivamente tanto mi padre como su hermano y como mis dos abuelos fueron médicos de pueblo, y mi infancia la recuerdo con alegría, muy apegado a la naturaleza, haciendo vida campestre, casi pastoril… Recuerdo con frecuencia y añoranza a mi amigo Emilio, pastor de ovejas en aquella época, y a José Luis, hijo del molinero y amigo. Vivía en un pueblo, al norte de Burgos, de apenas cien habitantes, situado a ocho kilómetros del pueblo del famoso naturalista Rodríguez de La Fuente, donde mi padre era el médico titular responsable, además, de seis pueblos anejos, a los que acudía dos veces por semana, si no le llamaban para alguna urgencia, en cuyo caso acudía inmediatamente, siempre en bicicleta si no había nevado, en cuyo caso le venían a buscar en alguna caballería.

Mi madre, como maestra, atendía a todo el censo estudiantil de Vileña de Bureba, que es el nombre del pueblo y cuyo censo era de catorce alumnos de entre los seis y los 14 años incluidos niños, entre los que yo me encontraba, y niñas, una de ellas mi hermana. Vivíamos en familia, con amor, ilusión y proyectos, aunque escasos de bienes materiales que tampoco echábamos en falta.

La adolescencia en Valladolid y en el Colegio La Salle la dedicábamos al estudio y al deporte. Claro que teníamos clase hasta el sábado a mediodía. Las notas –calificaciones– nos las daban cada semana, por lo que eran constantes los exámenes y permanente el estudio y trabajo en casa. Aquello creaba una cultura de estudio y trabajo que ya no te abandona y tampoco te dejaba mucho tiempo, excepto el sábado por la tarde para jugar un par de partidos de fútbol y el domingo por la mañana, para jugar otro más. Los domingos por la tarde, cada quince días, provisto de un chicle bazoca para aplacar los nervios, iba a ver perder, casi siempre, al Valladolid, que en aquella época jugaba en primera. Padecí, in situ, en el estadio, uno de sus descensos a segunda.

Hábleme, por favor, de qué es para usted la gestión sanitaria y, en particular, la dirección de un hospital. Pero hágalo a partir de su valiosa experiencia. ¿Puede ponerme uno o dos ejemplos de problemas graves resueltos por usted gracias a la habilidad propia de un buen gestor?

Lo más importante en cualquier profesión es saberte útil y que te lo reconozcan. En este sentido, he intentado pactar lo más claramente posible los objetivos, he procurado evaluar los resultados, tanto cuantitativa como cualitativamente, haciendo uso de datos, no de sensaciones, y se los he hecho llegar a los responsables con mi felicitación cuando han sido favorables o mis sugerencias cuando no lo han sido.

La mayor parte del tiempo de la dirección la tienes que dedicar a prevenir conflictos por medio de la planificación, o a resolverlos a través del diálogo, ya que existe algo más que huir o luchar, pegar o dejarse pegar. Con el diálogo se diagnostica el problema, se buscan alternativas y se analizan las consecuencias poniéndote en el lugar del otro. No se trata de yo gano tu pierdes, sino que, con el diálogo, todos perdemos algo, pero todos ganamos mucho.

Tres conflictos que recuerde ahora, como me pide, son el de los becarios del Hospital General de Asturias, en 1969, en que yo ocupaba la gerencia, y que los pasamos a residentes contratados en 1971 después, eso sí, de un importante conflicto –aquí cedimos–. El segundo, en 1983, en el Clínic, en que los residentes de último año se consideraron como fijos de plantilla y un juez les dio la razón. Apelamos al Supremo, donde ganamos, y así pudimos seguir convocando residentes cada año –aquí nos mantuvimos–. Y, no recuerdo en qué año, el tercero: los médicos del Clínic consiguieron el convenio franja que permitió un buen desarrollo profesional científico y consecuente mejora de la calidad –aquí apoyamos–.

De todas maneras, el más importante fue la reestructuración funcional del Clínic de Barcelona, con motivo de hacerme cargo de la dirección del hospital, en 1971-72, que resolvió un conflicto que se arrastraba desde 1965 y que se plasmó en lo que acabó por conocerse como el Libro Blanco de Asenjo, que es considerado unánimemente como el origen del gran despegue organizativo y científico del hospital, y que sirvió de modelo para otros muchos hospitales universitarios y diversos ámbitos sanitarios.

Ha sido consultor de la Pan American Health Organization y del Banco Interamericano de Desarrollo, y ha viajado por ello con mucha frecuencia a Latinoamérica. ¿Qué diferencias encuentra, en general, entre los sistemas sanitarios de otros países y España?

Para esta organización sanitaria, América está agrupada en tres regiones: América del Norte, América del Sur y la Zona del Caribe. Ésta última tiene un mayor retraso y se parece a España antes de la Ley General de Sanidad con tres sistemas hospitalarios diferentes: hospitales de la sanidad pública, los del Seguro y los privados, sin apenas coordinación entre ellos y ninguna cohesión.

Uno de los informes, a mi juicio muy interesante, que realicé en 1993 para el Banco Interamericano de Desarrollo, fue el de la situación hospitalaria panameña y posible modificación de la asistencia, con motivo de la transferencia de la Zona Sanitaria del Canal de Panamá administrada, junto al canal, por lo norteamericanos de Estados Unidos hasta el año 2000, en que se ejecutaba el acuerdo firmado años antes por el presidente Carter y para lo que se quería estar preparados. De ello trataba aquel informe.

En 1983 hice otro de factibilidad y planificación del Hospital Universitario Pedro Enrique Ureña de Santo Domingo en República Dominicana. He hecho muchos a lo largo de mi también larga e ininterrumpida trayectoria profesional, que comenzó en 1960 con motivo de mi oposición, en tercero de Medicina, a Interno del Hospital Clínico de Valladolid. Me acaban de enviar de la Universidad la hoja para la jubilación y en ella figura que he ejercido 49 años, me parece que siete meses y no sé cuantos días que… ¡ya es ejercer!

¿Hasta qué punto tiene mérito, en su opinión, la construcción del Sistema Nacional de Salud español? Las bases estructurales y organizativas de ese sistema, ¿fueron, a su parecer, una herencia del franquismo o, por el contrario, su verdadera historia comienza en la Transición y, en 1986, con la Ley General de Sanidad?

Probablemente el origen de la mejora debe buscarse en 1960 en el Hospital General de Asturias que, al ponerse en marcha su nuevo Hospital Provincial, destruido el viejo en la contienda civil del 36, se organizó con un Consejo de Administración, formado por nueve miembros, cinco diputados y cuatro no diputados y una gerencia, con dedicación exclusiva de sus médicos y con la introducción de los Médicos Internos Residentes –MIR– becarios. El sistema, menos la dedicación exclusiva, se fue extendiendo por todos los hospitales provinciales, simultáneamente con las Residencias del Seguro, más tarde las Ciudades Sanitarias, luego la unificación de redes y más tarde la Ley General de Sanidad. En definitiva una natural evolución y muy positiva.

Ha sido el primero en iniciar la formación reglada académica en materia de gestión sanitaria. Me refiero a la creación de una asignatura específica en la Universidad y al desarrollo del Máster de Gestión Hospitalaria en las escuelas privadas de negocios. ¿Debería extenderse esa asignatura a la carrera de Medicina aprovechando el Plan Bolonia? ¿Por qué, en su opinión, necesita un gestor la formación teórica si, al fin y a la postre, nada puede sustituir a la experiencia práctica?

Eso es verdad. Nada puede sustituir a la experiencia práctica. Pero lo mismo ocurre con todas las profesiones, incluida la más próxima al gestor sanitario, como es la de médico. La base teórica es fundamental para, entre otras cosas, aprender a no dejar de aprender. Considero muy positiva la labor desarrollada en la Facultad de Medicina vinculada al Hospital Clínic, donde he desarrollado la asignatura troncal de quinto año de Planificación y gestión sanitarias con el mismo rango que la Oftalmología o la Dermatología, por ejemplo, con la que todos los futuros médicos, que son los verdaderos gestores diarios, se han familiarizado con los ásperos pero fundamentales conceptos de eficacia, eficiencia, equidad y calidad, que luego ejercerán. Además, los más interesados en la gestión sanitaria han podido realizar el máster e incluso el doctorado, que ha redundado en una mejor gestión. Es muy importante que todos estos aspectos sean bien conocidos por los médicos ya que, en el sistema sanitario público, el médico compra, el enfermo consume y un tercero paga. Y es evidente que los conocerán mejor si, además, tienen que examinarse de ellos. Con todos los cursos que he dado en múltiples foros, muchos de ellos regulares, calculo que he tenido más de 30.000 alumnos.

¿Qué opina de los recortes (por ejemplo, la rebaja del precio de los medicamentos, con el consiguiente “enfado” de la industria farmacéutica) por parte del Gobierno, acordado por las comunidades en el último Consejo Interterritorial en el escenario de crisis económica? ¿Qué medidas propondría usted y en qué se basa para sostenerlas?

La situación económica es desastrosa y el Gobierno se ve abocado a recortar gastos, además de intentar mejorar la eficiencia del servicio. Dichos recortes, para no disminuir el valor añadido de la Sanidad, ya que no se puede aumentar el precio de venta, tienen que venir por reducir gastos en las materias primas empleadas para la asistencia, ya que de los otros cuatro componentes que influyen en el valor añadido (como son el trabajo, representado por los salarios; el capital, por los intereses; los beneficios de los accionistas y el Estado con los impuestos, poco se puede hacer por las consecuencias sociales negativas que comporta). Esperemos que no haya que influir sobre el factor trabajo con recorte de plantillas y congelación de salarios.

¿Sanidad pública o privada? Déme su opinión sobre los modelos de gestión mixtos y, en particular, los desarrollados en Cataluña.

Si se analiza el gasto sanitario por comunidades autónomas, se comprobará que Valencia y Madrid superan en poco los 1.000 euros por persona y año, la media de España tiende a los 1.500 y algunas comunidades se aproximan a los 2.000 con resultados y satisfacción de los pacientes similares.

Precisamente son las dos comunidades citadas las que más gestión aproximada a privada hacen por lo que, comprendiendo que los sindicatos protesten, debo como contribuyente y potencial usuario manifestar que no tengo ninguna duda de que ése es el buen camino. Además, ambas comunidades tienen servicios complejos y con prestigio.

Aquí conviene recordar lo que decía Felipe González refiriéndose a lo defendido por la cúpula de gobierno china: que lo importante es que el gato cace ratones, no si es blanco o negro, y yo añado, para concretar en sanidad, que realice su cometido con equidad, calidad y eficiencia indubitables.

Cataluña, como sabe, siempre ha sido pragmática y se han respetado las diversas instituciones y diferentes modelos de gestión existentes, constituyéndose la Red Hospitalaria de Asistencia Pública. Todo lo aprovechable se ha aprovechado.

Hábleme de los retos a que se enfrenta en la etapa final de su vida laboral al frente de la dirección técnica del Clínic.

He recibido hace algún tiempo, como sabe, la gran satisfacción de ser acreditado como catedrático de Universidad por la Aneca, reconociéndose así al máximo nivel, oficialmente, mi triple actividad científica gestora, docente e investigadora y, por ello, hasta finalizar el curso seguiré en activo como hasta ahora.

A partir de entonces, y como ya he sido nombrado Profesor Emérito de la Universidad de Barcelona, dedicaré tiempo en el Departamento de Salud Pública a los aspectos docentes e investigadores, seguiré escribiendo artículos de reflexión y científicos, asesorando a quien me lo solicite, dando conferencias y actualizando las nuevas ediciones del libro Gestión Diaria del Hospital editado por Elsevier y del que soy director. Colaboraré con el máster de Gestión Hospitalaria y con IL3, que es el Instituto de Formación Continuada de la Universidad de Barcelona. Tengo pendiente de finalizar dos tesis doctorales que dirijo y que están muy avanzadas. Es posible que cumpla el encargo que se me ha hecho de escribir un libro sobre mi experiencia, a lo largo de estos cuarenta años, en la cúpula directiva del hospital Clínic. En fin, ya veremos, pues el tiempo y los acontecimientos orientarán mis pasos futuros, pues pienso seguir viajando, disfrutar de la buena lectura y de la familia, ya que los nietos crecen que es un primor y aprendo mucho de ellos. Estaré todo lo que pueda en contacto con ellos. Felizmente he llegado hasta aquí con muy buena salud física y mental e intentaré conservarla el mayor tiempo posible. Procuraré estar en contacto con la naturaleza tanto como pueda.