EL CURRÍCULUM

Albino Navarro, gerente de la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón de Madrid

“Los hospitales deberían tener más peso en la Ley de Ciencia”


Javier Barbado. Vídeos: Diego S. Villasante. Madrid / El máximo responsable de la investigación del Marañón de Madrid, uno de los hospitales españoles punteros en ese ámbito con el permiso del Clínic, ha recibido a Publicación Médica de Directivos de la Salud en su despacho de trabajo. Durante la conversación, este gerente ha repasado su trayectoria laboral, remontándose a la gerencia de otra fundación, la Jiménez Díaz, en la década de los 80. Más tarde ostentó la dirección territorial de Madrid en el antiguo Insalud, y fue además el primer coordinador regional de trasplantes en esta comunidad autónoma. A partir de 2002 dirigió el departamento de Relaciones Institucionales de Farmaindustria. Respecto a su actual desempeño, destaca que su lucha institucional se basa en la búsqueda “de la excelencia”, y cita con orgullo algunos ejemplos de patentes del centro.

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Albino Navarro, en su despacho de la Fundación.

El Insalud, ¿fue apenas una institución de paso para implantar el Sistema Nacional de Salud?

El Insalud era el Sistema Nacional de Salud antes de las transferencias. Entonces la gestión sanitaria la realizaba la Administración General del Estado, dado que las competencias estaban todavía centralizadas. Éstas se fueron después transfiriendo de forma periódica, hasta que en el año 2002 concluyeron las diez últimas a sendas comunidades autónomas. Por tanto, el Sistema Nacional de Salud era el Insalud antes de las transferencias, y ahora es el sumatorio de los servicios regionales de salud de las diecisiete comunidades autónomas más el Ingesa, que gestiona Ceuta y Melilla.

No obstante es un hecho la tardanza con que se han llevado a cabo las transferencias. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, no se hizo el traspaso de poderes hasta 2002. ¿Cómo se explica este retraso?

En Madrid se hizo al tiempo que otras nueve comunidades autónomas en 2002. También lo hicieron Baleares, Castilla-La Mancha, Castilla y León, La Rioja… Era lo que quedaba por transferir. Como sabe, se empezó por Cataluña [1981] incluso antes de la Ley General de Sanidad [1986].

En la sanidad, las transferencias han corrido un camino paralelo al de la educación, es decir, se han ido haciendo a partir de criterios políticos y a medida que se desarrollaba en España el Estado de las autonomías.

¿Por qué Madrid fue una de las últimas? Al estar la Administración General del Estado aquí era una de las últimas [regiones] en las que quedaban por transferirse las competencias. ¿Qué consecuencias ha tenido ese retraso? Ninguna. Hay comunidades autónomas, como Andalucía o Cataluña, que llevan más años con sus servicios regionales de salud, y otras que han tardado más sin que haya consecuencias por ello.

Sin embargo, el ex presidente del Principado de Asturias, Juan Luis Rodríguez-Vigil [PSOE], ha publicado en 2007 el ensayo Integración o desmoronamiento. Crisis y alternativas del Sistema Nacional de Salud español, en el que pone el acento en ese retraso y analiza la manera de preservar el sistema sanitario…

Ahora mismo es objeto de discusión en todos los foros –por suponer un problema para el Sistema Nacional de Salud– la posible descoordinación de los servicios regionales de salud. Pero éste es el riesgo, por así decirlo, del Estado de las autonomías: la descoordinación en las políticas sectoriales, en este caso en las de sanidad (sucede lo mismo con otras políticas).

Hoy mismo acabo de leer un informe sobre las desigualdades retributivas de los MIR en las diferentes comunidades autónomas, lo cual es un síntoma más de que hay un cierto grado de descoordinación. Lo lógico es que todas las autoridades (tanto las autonómicas como la Administración General del Estado) avancen en la coordinación del Sistema Nacional de Salud. No parece razonable que un residente que cursa la residencia en el 12 de Octubre y otro que lo hace en el Hospital de Toledo, a 60 kilómetros [de Madrid], tengan una desigualdad retributiva. No parece razonable que suceda eso con un residente, médico o enfermera.

El riesgo que corre, por tanto, el Sistema Nacional de Salud pasa por la descoordinación del sistema. Han alertado de ello muchas autoridades no solamente autonómicas, sino también académicas. La fragmentación del sistema es algo que debe evitarse a toda costa. Debe velarse por un sistema único compuesto por diecisiete servicios regionales, y no diecisiete sistemas. Insisto en que este riesgo es político y viene dado por el Estado de las autonomías que tenemos en España, y que afecta también a otros campos sectoriales. Lógicamente, los que trabajamos en sanidad miramos lo nuestro.

Usted fue director de relaciones institucionales de Farmaindustria, pero eso no le impidió mostrarse crítico con ella en el primer Encuentro de Directivos de la Salud organizado por Sanitaria 2000 [grupo editor de Publicación Médica de Directivos de la Salud] el año pasado en la Granja de San Ildefonso [Segovia]. En concreto, atribuyó a las compañías farmacéuticas buena parte del retraso de los contratos de ensayos clínicos por parte de las fundaciones como la que ahora dirige. ¿Lo mantiene?

No fui crítico: fui “crítico con las críticas”. Vino a cuento porque, justo diez días antes de la reunión de directivos en La Granja, había leído unas declaraciones de un directivo de Farmaindustria diciendo que, en España, había un retraso en la firma de los contratos de ensayos clínicos, y que ese retraso se achacaba –decía literalmente– al retraso de las gerencias de los hospitales en la firma de esos contratos. Por eso expuse nuestros datos, que contrastaban con esa afirmación. Según éstos, en el Proyecto Best de Farmaindustria (en el que se miden los tiempos de los contratos en toda España) la mediana [del tiempo de tramitación] está en más de 150 días, mientras que nosotros la tenemos en este centro en 58 días. De estos 58 días de demora, 51 son achacables al promotor, es decir, a la industria farmacéutica, o bien a la CRO [Contract Research Organization] que le gestiona los contratos.

Por tanto, es cierto que en España hay un retraso en la firma de los contratos y que es algo mejorable. Nosotros no obstante estamos en una condición muchísimo mejor que la media nacional, pero aún así no estamos satisfechos y todavía queremos acortar más los plazos. Pero ese retraso que hemos detectado se debe a que, en la CRO, no empiezan a gestionar el contrato hasta muy tarde. Así que Farmaindustria dice: “Hay un retraso y la culpa es de los gerentes de los hospitales”. No es así. Es cierto que hay un retraso, en nuestro caso es menor que la media y no se debe a la gerencia del hospital o de la fundación, sino al promotor o a la CRO.

Nosotros queremos mejorar los plazos, pero esto no puede hacerse si nos empezamos a culpabilizar entre unos y otros, de modo que aboguemos por trabajar conjuntamente. Mi crítica era, pues, una respuesta a una crítica previa que se había hecho sobre las gerencias de los hospitales.

Creo que podemos mejorar notablemente en este aspecto, y eso colocaría a España en una posición privilegiada, porque hay que recordar que, en los ensayos clínicos que realizan las multinacionales, competimos como país. El país que más rápidamente firme el contrato, y que antes incluya a los enfermos en los ensayos clínicos, se llevará más de estos ensayos. Y aquí competimos con la República Checa, Polonia, Francia, Italia… Si tenemos un retraso en la firma de los contratos… mala cosa en competencia internacional.

Pero también aclaró en el Encuentro que, en todo caso, los ensayos clínicos no son la principal fuente de ingresos de las fundaciones de investigación.

Sí, eso es cierto. También venía a cuento de unas declaraciones en las que se decía que los ensayos clínicos constituyen la piedra angular de la investigación en los hospitales. Son muy importantes, pero no son la piedra angular ni la única fuente de financiación.

Pongamos nuestro caso como ejemplo. Hemos cerrado el año 2009 con unos 22 millones de euros en investigación, y los ensayos clínicos han supuesto en torno a un 16 por ciento del total del volumen de ingresos que nosotros manejamos.

Si es un 16 por ciento, no es la piedra angular. Sí es importante (y no estamos dispuestos a renunciar a ello) pero no es la piedra angular. Es probable que en otros hospitales, medianos o pequeños, sí sean importantes como elemento dinamizador de la investigación, pero en los hospitales grandes es al revés: nosotros somos el lujo que buscan las multinacionales para hacer ensayos clínicos, porque tenemos una potencia investigadora altamente cualificada. Por eso nos buscan.

¿Son muy significativos los recortes en los presupuestos de la fundación debido a la crisis económica?

Nosotros no tenemos presupuesto. Como fundaciones, iniciamos el año con un presupuesto de base cero. No disponemos de una partida que provenga de los hospitales o de las comunidades autónomas. Nuestro presupuesto depende de la cantidad de proyectos de investigación que saquemos en convocatorias competitivas del Ministerio de Sanidad, del Ministerio de Ciencia e Innovación, del Instituto de Salud Carlos III, del Séptimo Programa Marco Europeo, de convenios o de venta de nuestros servicios de investigación de ensayos clínicos… Por lo tanto, si tenemos buenos investigadores y buenos proyectos vamos a tener mucha financiación y mucho dinero. De no ser así, tendremos pocos proyectos y poca investigación. Así que por el momento [la crisis] no nos afecta.

También hay que decir que los proyectos de investigación sufragados por las entidades financiadoras son plurianuales, de tres o cuatro años, así que, por ejemplo este año, tenemos proyectos en marcha con presupuestos obtenidos en años anteriores.

No sabemos qué va a pasar este año con las convocatorias. Parece ser que, en los presupuestos del Ministerio de Ciencia, hay disminuciones con respecto al año pasado, y veremos cómo nos va la feria a lo largo del año. Ahora mismo, como digo, estamos trabajando en proyectos ya financiados en años anteriores.

De seguro está al tanto del nuevo borrador de la Ley de Ciencia. ¿De qué manera afecta a las fundaciones?

El borrador de la Ley de Ciencia, en términos generales y desde mi punto de vista, tiene una parte positiva y una negativa, a la espera de que recorra el trámite parlamentario. La parte positiva es que comienza a aparecer la investigación en los hospitales. Parecía que solamente se hacía ciencia en los OPI (Organismos Públicos de Investigación), Consejo Superior de Investigaciones Científicas… y en las universidades. Por primera vez empiezan a aparecer los hospitales.

Hay que tener en cuenta que casi la mitad de la producción científica que se hace en España es de biomedicina. Y de esa mitad, el 60 por ciento se hace en los hospitales. Así que los hospitales del Sistema Nacional de Salud somos generadores del 30 por ciento de la ciencia que sale en España. Echo en falta, en esta Ley de Ciencia, un mayor peso otorgado a los hospitales como centros de investigación en el sistema español de ciencia. Hay mucho peso de la universidad (que, como es lógico, nadie le va a discutir), y también de los OPI, pero los hospitales deberían tener más peso en la Ley de Ciencia.

En esta misma publicación, el gerente del Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona, José Luis de Sancho, destacó que el papel del gerente en el hospital es clave. ¿Comparte esta opinión?

Yo creo que tanto el papel del gerente del hospital como del director de la fundación de investigación son claves. El del gerente del hospital, porque es el dinamizador de la investigación. El hospital tiene tres vertientes: la asistencial, que es lógicamente la primordial; la docente y la investigadora. Como sucede en un taburete de tres patas, no puede descuidarse ninguna de las tres, porque, si no, se cae. El gerente del hospital es, pues, el encargado de dinamizar las tres áreas.

El director gerente de la fundación es el que se dedica monográficamente a la investigación, en caso de que se trate de una política estratégica del hospital dinamizarla. Claro que es importante el papel de los gerentes. Si los hay que piensan que el cometido de un hospital es meramente asistencial y dejan a un lado las facetas asistencial y docente, a ese taburete de tres patas lo dejarán cojo.

El Clínic de Barcelona es líder de la investigación en España. ¿Ha hecho mejor los deberes que otros?

No. Tiene mucha más historia. El Clínic de Barcelona se planteó desarrollar la investigación hace unos treinta años. Los propios médicos renunciaron a una parte de su salario para reinvertirlo en investigación, formación y rotaciones por el extranjero.

“Veremos cómo nos va la feria. De momento trabajamos en proyectos ya financiados en años anteriores”

Es un hospital que nos lleva entre 20 y 25 años de ventaja. Y esa ventaja no se iguala en tres o cuatro años. Ellos han creado una cultura que impregna la investigación en todo el hospital, y en los hospitales que han tenido menos vocación investigadora, y mucha más vocación asistencial, ese cambio cultural se va produciendo con los años. Así que nos llevan unas cuantas vueltas de ventaja. Los cogeremos en algún momento. Nosotros estamos creciendo a un ritmo en torno al 30-35 por ciento anual de producción científica en los últimos cuatro años, lo cual es un ritmo espectacular. Pero no somos comparables con el Clínic porque, como digo, nos lleva entre 20 y 25 años de ventaja.

¿Podría comparar su actual cargo con el que ejerció al frente de la Fundación Jiménez Díaz en 1988?

En 1988 entré en el patronato de la Fundación Jiménez Díaz y fui secretario del patronato del rector en una época y un momento muy duros. La Fundación Jiménez Díaz estaba en la fase de la posible supervivencia o el posible cierre de la fundación. Se hablaba de esta posibilidad e incluso de la de trasladar a todos los trabajadores al Príncipe de Asturias en Alcalá de Henares. Ahora, sin embargo, la Fundación Jiménez Díaz está en una situación envidiable.

En este momento, mi trabajo como gerente de la Fundación de Investigación Biomédica del Gregorio Marañón en lugar de ser una lucha por la supervivencia es una lucha por la excelencia, incrementar la ciencia, el número de publicaciones y de patentes. Tenemos más de media docena de patentes y otros tantos registros de software, alguna de ellas vendidas y de la que estamos obteniendo buenas regalías o royalty para seguir financiando la investigación.

“Nuestro presupuesto depende de que tengamos buenos proyectos e investigadores”

El ex gerente del Clínic Joan Grau [gerente del hospital entre 1983 y 2003] expresó en una entrevista que le hubiera gustado ver cómo el centro disponía de sus propias patentes. Sin embargo ustedes lo hacen.

Sí, aquí es algo que hacemos normalmente. Financiamos a cualquier investigador cualquier descubrimiento que sea patentable y no sólo eso, ya que después ayudamos a venderlo a la industria. Tenemos algunas patentes vendidas. Una de ellas –quizás la más importante–, en regalías a una multinacional, la fabrica una multinacional española y es un aparato de investigación que se fabrica en Torrejón y la exporta General Electric a centros de investigación del primer mundo.

Siempre digo a los investigadores que primero hay que investigar y luego hay que publicar. Patentar una idea, descubrimiento o máquina retrasa una publicación unos dos o tres meses exclusivamente y, por tanto, no afecta al currículum científico. Creo que España tiene, en este momento, un déficit en vender patentes a la industria. En ciencia estamos, en producción científica, en el noveno lugar del mundo (el puesto que nos corresponde según nuestro producto interior bruto). En cambio, en patentes estamos en el puesto veintitantos o incluso más del treinta. Tenemos que hacer un esfuerzo y no solamente escribir y publicar artículos para las revistas españolas, europeas o norteamericanas, sino también patentar en primer lugar.

Nuestra política de patentes nos ha ido bien. Tenemos una cartera de patentes relativamente amplia (y que crece todos los años), lo que permite beneficiarse del negocio de venderlas y reinvertir en investigación.

“Somos el lujo que buscan las multinacionales para hacer ensayos clínicos”

Usted fue coordinador autonómico de trasplantes en Madrid. No sé si ha leído una información aparecida en el diario El País [publicada el domingo 14-03-2010] según la cual un enfermo español viajó hasta China y pagó 130.000 euros por un órgano que necesitaba para salvar la vida.

Tremendo, sí. Hay una serie de países en los que la compra de un órgano de una persona es legal. Hay cosas que son legales en los países del tercer mundo y no en los del primero. A mí me pone los pelos de punta, pero también le sucederá a cualquier lector de ese reportaje, en el que se cuenta cómo un español viaja a hacerse un trasplante de hígado a un país donde no hay limpieza en las habitaciones, donde te tienes que comprar los productos de limpieza, donde te tienes que hacer la comida con un infiernillo a gas en la habitación… En un hospital que parece que no tiene las condiciones mínimas estándares de confortabilidad y asistencia, el arriesgarse a que le trasplanten a uno un hígado pagando 130.000 euros me parece una conducta arriesgada. Por otra parte, entiendo que una persona en una situación desesperada hace cosas desesperadas, y mientras existan este tipo de ofertas se agarrarán a un clavo ardiendo: es humano entenderlo. Pero, insisto, a mí me puso los pelos de punta no la compraventa del hígado, sino las condiciones médico-sanitarias en las que se realiza un trasplante hepático.