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Lunes, 17 de enero de 2011   |  Número 23
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EN PRIMERA PERSONA: JUAN DEL LLANO, DIRECTOR GENERAL DE LA FUNDACIÓN GASPAR CASAL
“Todavía hay distancia entre clínicos y gestores”
Para el entrevistado, las diferencias entre médicos y directivos pueden aminorarse

Javier Barbado. Madrid
Médico y cabeza visible de la Fundación Gaspar Casal, creada en 1997 con el fin de difundir conocimientos y formar a profesionales en el campo de la gestión sanitaria, el entrevistado revela el principal proyecto que se trae entre manos este año, en concreto una investigación sobre la biotecnología y la farmacia en colaboración con el Instituto de Empresa y el Proyecto Gem. Preguntado por su actividad intelectual en el sector, ofrece algunas opiniones fundamentadas en trabajos de campo propios y de la Fundación sobre asuntos como la transferencia de la Sanidad a las comunidades autónomas o la lejanía en el trato entre clínicos y gestores. En este aspecto, considera que pueden “tenderse puentes” entre los profesionales y recuerda la reciente contribución para ese cometido del Diccionario de Gestión Sanitaria para Médicos, publicado con la colaboración del organismo que dirige y de la Fundación Abbott.

La Fundación Gaspar Casal inicia su actividad en 1997. ¿Cuándo comienza su relación con ella?

Pues unos meses antes porque fui el promotor de la Fundación, la persona que la concibió, la diseñó y aportó la cuantía económica que exige la Ley 30/94 de fundaciones privadas. Redactamos los estatutos, si no recuerdo mal, en octubre de 1996 y el 7 de enero de 1997 el Ministerio de Educación nos aceptó la fundación y, desde entonces, es la entidad pública que nos tutela.

¿Cómo se financia?

Por proyectos. Somos una entidad pequeña, lo cual nos dota de una gran independencia, y nos financiamos, como digo, por proyectos que tienen generalmente un patrocinador que es el que se hace cargo de aportarnos los recursos necesarios para poderlo llevar a cabo. También tenemos –y fue el origen de la Fundación– la Maestría. Vamos a hacer 22 años de Administración y Servicios Sanitarios.

Aunque el fin genérico de la Fundación es promover la investigación y la formación en aras a mejorar la calidad de vida de las personas, da la sensación de que se centra en la gestión de las organizaciones sanitarias, y en la política en este ámbito. ¿Se encuentra en este terreno la clave para mejorar la Sanidad?

Sí, efectivamente. En los estatutos que tenemos, ésa es la misión de la Fundación, si bien, con el paso del tiempo, hemos ido concretando un poco estos aspectos ya que se trata, quizá, de un fin demasiado genérico.

Lo que realmente intentamos hacer es investigación aplicada al campo de la salud en cuatro áreas concretas de trabajo en las cuales tenemos expertos: Salud Pública, Economía de la Salud, Gestión Clínica y Sanitaria y Evaluación de Tecnologías Sanitarias. Hacemos libros e investigaciones que finalmente se acaban publicando y editando, de modo que siempre hemos contado con el beneplácito de nuestros partners para anunciarlos en nuestra página web y que la gente puede acceder a ellas sin ningún tipo de restricción y pueda descargárselas gratuitamente.

El ir trabajando en estas áreas, evidentemente, ha hecho que alguno de los trabajos que hacemos tengan un cierto impacto en lo que sería la organización de nuestro sistema sanitario, en saber qué aspectos tendrían que ser mejorados tanto en el entorno de la Atención Primaria como en el del hospital. Por lo tanto, sí que tenemos un cierto deseo de promocionar y de añadir valor, a través de nuestros trabajos, a los decisores que los utilizan para que sus decisiones en política sanitaria sean lo más acertadas posibles., y eso, generalmente, está correlacionado con la posibilidad de trabajar con buena información empírica, objetiva, de diagnósticos de situación y organizativa sobre cómo están funcionando los recursos y dispositivos sanitarios.

Póngame como ejemplo un proyecto en el que la Fundación trabaje en este momento y que usted considere como el más relevante.

Quizá uno que estamos terminando por completar y que está relacionado con el sector de la biotecnología en su apartado de farmacia. Estamos haciendo un trabajo de campo sobre las empresas que han comenzado su actividad en este terreno, viendo cuál es la “salud” de estas empresas. Lo hacemos conjuntamente con el Instituto de Empresa y con el Proyecto Gem, que tiene que ver con el emprendimiento empresarial, se hace en cuarenta países del mundo y va a ser el primer informe sectorial (porque se hace en general para todas las empresas que se crean nuevas). Se trata de ver cuáles son las barreras, los elementos propulsores para que estas empresas se desarrollen, y nosotros eso lo estamos llevando al subsector de la biotecnología farmacéutica.

Hemos identificado unas 160 empresas en España que se dedican a la salud humana desde el punto de vista de la biotecnología, separando lo que no es biotecnología (empresas tanto diagnósticas como terapéuticas), y hemos hecho un trabajo de campo que, en el mes de febrero, completaremos con una investigación cualitativa por medio de un grupo de discusión. La idea sería presentarlo en primaveral, y el trabajo está patrocinado por la compañía Amgen, que cumple 20 años en España y, con motivo de este aniversario, el año pasado tuvo a bien encargar a la Fundación este trabajo.

Amgen ha desarrollado el Observatorio Periscopihos. Como estudioso de la gestión sanitaria, ¿qué opinión le merece?

Es una iniciativa interesante que ya lleva cinco años y que involucra a muchos gerentes en ejercicio, de hospital fundamentalmente, y, por lo tanto, con experiencia personal y profesional en la gestión de una tarea tan compleja como la dirección hospitalaria. Me parece que es una buena iniciativa.

Usted ha publicado análisis del sistema sanitario público en los más variados formatos: editoriales, artículos e incluso libros. Por poner un ejemplo, citemos el volumen Sanidades autonómicas: ¿solución o problema?, editado por el Círculo de Sanidad. ¿Tiene algo que ver con la Fundación?

No, no. El Círculo de la Sanidad me encargó personalmente –no lo encargó a la Fundación, y esto es algo que me piden que aclare– este trabajo. De hecho, yo no les conocía cuando contactaron conmigo. Después, a lo largo del desarrollo de la investigación, lógicamente sí les he conocido y ha resultado enormemente grato trabajar con ellos.

¿Es capaz de responder con brevedad al interrogante planteado en este trabajo?

Bueno, los títulos también buscan el interés del lector. Las formas que tenemos de trabajar generalmente son muy sistemáticas, y, en este trabajo en concreto, traté de analizar el impacto de la descentralización sanitaria en España, porque antes de contestar a esta pregunta hay que conocer la realidad. Por lo tanto formulé una pregunta de investigación sobre si la descentralización mejora o empeora la salud de los españoles. Lo que hice se refleja en los numerosos mapas del trabajo sobre las principales causas de muerte y de enfermedad en las diecinueve regiones que hay en España (diecisiete comunidades autónomas y dos ciudades autónomas), y eso fue, en fin, lo que presenté.

Lo cierto es que, desde el punto de vista de la morbi-mortalidad, no hay grandes diferencias y no parece que la descentralización, y la propia existencia de las comunidades autónomas, haya sido nociva: claramente no lo ha sido. Complementamos el libro con otros aspectos que también son interesantes, como es la percepción que tienen los usuarios de cómo funciona su servicio sanitario, y algunas preguntas que se hacen en los barómetros sanitarios a los ciudadanos sobre si piensan que, desde que tienen transferencias en las comunidades autónomas, sus servicios sanitarios funcionan mejor o peor. Realmente, tampoco se encontraron hallazgos suficientemente significativos.

Por lo tanto, ni solución ni problema, es decir, la Sanidad se ha organizado de esta manera, que tiene ciertas ventajas, pero también quedan aspectos que tendrían que ser repensados desde el punto de vista de buscar eficiencia, economías de escala y sistemas de compra y de evaluación que precisarían de una masa crítica. Por lo tanto, estoy hablando no de comunidades autónomas de 250.000 habitantes, sino de diez, 20, 30 o 40 millones de habitantes. Por lo tanto, hay determinadas cosas que el sentido común –y también la evidencia empírica– dictaminan que debieran hacerse a partir de un único organismo y no de diecisiete o de diecinueve.

La Agencia de Información, Evaluación y Calidad en Salud de Cataluña (Aiaqs, en sus siglas en catalán), acaba de publicar un estudio en el que se advierte falta de comunicación entre clínicos y gestores de centros sanitarios, problema que se relaciona con la traslación de los conocimientos a la práctica. ¿Ha detectado esa barrera en sus investigaciones?

No conozco el estudio con detalle, pero sí conozco otro elaborado por la Fundación de Ciencias de la Salud del Gobierno canario y su Servicio de Planificación sobre el impacto que tienen los informes de las agencias de evaluación en la toma de decisiones. En él se ve que, realmente, a pesar de que en España tengamos seis agencias de evaluación de tecnologías, el impacto no es todavía el deseado, y, sobre todo, herramientas muy asentadas en países de nuestro entorno como la evaluación económica, no son utilizadas en el nuestro muchas veces a la hora de tomar decisiones. Así que ésa es una gran carencia.

Sí conocemos –y lo conocemos bien por nuestra Maestría y por la publicación Gestión Clínica y Sanitaria, así como por la relación que tenemos con los clínicos “de bata blanca”, es decir, “los de verdad”, los que ven pacientes– que, realmente, todavía hay una cierta distancia, un cierto alejamiento de posiciones, de puntos de vista, entre gestores y clínicos. Para enmendarlo hemos hecho el Diccionario de Gestión Sanitaria para Médicos, que está dirigido tanto a quienes nos dedicamos al mundo de la gestión como a quienes trabajan en la práctica clínica. Este distanciamiento ciertamente es irresoluble, porque los incentivos de los gestores son distintos a los que reciben los médicos, y, a su vez, distintos de los que corresponden a los médicos que hacen investigación clínica. Pero sí que hay posibilidades de tender puentes y de trabajar de una manera más sinérgica y que haga que los esfuerzos no sean solitarios y se pierda con ello mucha energía en el camino, que es lo que está ocurriendo.

Cada uno de los actores del sistema sanitario desempeña un papel relevante, así que posiblemente lo que tendríamos que hacer es mejorar la comunicación entre ellos, y dejar de funcionar con prejuicios y ser, en fin, un poco más claros y francos en los planteamientos.

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