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Lunes, 23 de abril de 2012   |  Número 53 Año III
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JOAQUÍN ESTÉVEZ LUCAS, PRESIDENTE DE SEDISA
“Para una sanidad sin crisis no solo cuentan los políticos”
Respalda la subcomisión propuesta por CiU pero la considera insuficiente

Javier Barbado / Imagen: Pablo Eguizábal. Madrid
A finales de febrero la portavoz de Sanidad de CiU en el Congreso, Concepción Tarruellas, presentó una moción para que se crease una subcomisión en esta área que detectase la situación de las cuentas públicas y llevase a cabo propuestas como parte del Pacto de la Sanidad traído a colación por la ministra del ramo, Ana Mato, en su primera comparecencia parlamentaria. La propuesta de CiU fue aprobada por mayoría con apenas tres abstenciones. Sin desmerecerla, el entrevistado la considera, sin embargo, insuficiente por la sencilla razón de que no tiene en cuenta la diversidad de actores que integran el sector sanitario, desde los directivos de la salud –a quienes representa desde la presidencia de Sedisa– a las compañías farmacéuticas, empresas tecnológicas e incluso medios de comunicación especializados. En su opinión, estos agentes merecen formar parte del pacto de Estado en la misma medida que los agentes políticos. A lo largo de la conversación, Estévez denuncia, una vez más, el cariz político con que se designa a los altos cargos directivos de la sanidad en España (y, de hecho, protesta por el nombramiento reciente de una persona no cualificada para tal desempeño en un importante centro hospitalario). Desde su perspectiva, las habilidades de un gestor profesional se revelan más necesarias que nunca en el escenario de crisis económica, de la que exculpa a los directivos y a los profesionales y resume en que se gasta mucho más dinero público que el ingresado.

Joaquín Estévez critica los nombramientos de gerentes
no profesionales.

En su momento, usted celebró el nombramiento de Ana Mato como ministra de Sanidad aduciendo que, pese a su inexperiencia en el sector, sus habilidades como gestora la ayudarían a adaptarse al cargo. En el tiempo que lleva como titular de la cartera, ¿sigue con la misma impresión?

Desgraciadamente, desde que se completaron las transferencias sanitarias a las comunidades autónomas, el Ministerio ha ido perdiendo paulatinamente su labor estratégica, coordinadora y planificadora, y, en general, ha habido épocas de Ministerios bastante deficientes. ¿Qué es lo que nosotros pensamos que tiene que hacer el Ministerio en este momento, en una época de crisis y de riesgo de sostenibilidad? Reasumir ese papel de liderazgo.

Ana Mato es ajena al sector sanitario, pero creemos que es una habilidosa política, y ahora tiene la posibilidad de coordinar las actividades con las diferentes comunidades autónomas. Además, se ha rodeado de un buen equipo, de un equipo que conoce el sistema. Por ejemplo, en el área en que más trabajo, la directora general de Calidad es una experta gestora y experta en calidad. Por lo tanto, hay profesionales que conocen su actividad. ¿Qué es lo que creo muy necesario? Pues aquello por lo que abogamos desde hace tiempo muchos grupos de interés entre los agentes sanitarios: un Pacto de Estado para la sostenibilidad del sistema sanitario. ¿Y qué es lo que también debe remarcarse? Que el Consejo Interterritorial ahora ya no va a ser un escenario de enfrentamiento, sino de encuentro, y, por tanto, deben salir medidas que no sean solo recomendaciones, sino medidas que sean aceptadas por las comunidades autónomas. Por tanto, creo que se abre un escenario de expectativas que espero que se cumplan, de incertidumbres que espero que se resuelva, y, sobre todo, existe la necesidad de un afianzamiento del Ministerio de Sanidad que, como digo, se ha desvirtuado mucho en los últimos años.

Esta semana el Congreso de los Diputados ha aprobado por mayoría la creación de una Subcomisión de Sanidad para evaluar el estado financiero del Sistema Nacional de Salud y promover reformas estructurales que garanticen su sostenimiento a medio y largo plazo. En su opinión, ¿se constata un clima de entendimiento político en el sector?

Sí, me pareció positiva esa moción, pero también me pareció insuficiente. No solamente deben ser los políticos los que opinen sobre ese tema, sino también todos los grupos de interés: sindicatos, asociaciones y sociedades científicas, profesionales, colegios profesionales, empresas del sector y todo el que pueda aportar algo a un conocimiento de la realidad del sistema sanitario.

No solo, como he dicho, las empresas del sector y las englobadas, sobre todo, en Farmaindustria y Fenin, sino también otras que tienen una parte importante de su negocio dentro del sector sanitario: los medios de comunicación social, asociaciones ciudadanas y de pacientes… Si el pacto no implica a todos, la sanidad seguirá siendo un foro de enfrentamiento político, en lugar de hacer frente a la insuficiencia presupuestaria y el riesgo en los recortes o de aumento de la participación económica de los ciudadanos en su funcionamiento.

El presidente de Sedisa exculpa a los directivos y a los profesionales de las causas de la crisis.

Como presidente de Sedisa, ¿cuál cree que es la causa de la insuficiencia financiera del Sistema Nacional de Salud y cómo pueden los directivos contribuir a reducirla?

La verdadera crisis es un problema que consiste en que hay una caja en la que, por un lado, entra dinero, y, por otro, sale lo que se gasta. Y se ha gastado más de lo que entra porque, con la crisis, la aportación de fondos ha sido menor. También puede haber otros problemas de administración, pero no son imputables ni a los directivos ni a los profesionales. Pueden ser imputados a los políticos, sobre todo en los sitios donde ha habido políticos inexpertos gestionando la sanidad. Pero lo fundamental es un problema de menos fondos para más gasto.

Por otra parte, se ha incrementado la población, la demanda, el envejecimiento…; han aparecido nuevas enfermedades, hemos querido siempre estar a la última con la incorporación de nuevas tecnologías, de medicamentos biológicos, de exploraciones clínicas de última generación… Entonces, históricamente se ha incrementado el IPC sanitario por encima del IPC del coste de la vida, pero ahora hay que añadirle que, además, hay menos ingresos y se ha recortado el presupuesto. Después, se han introducido medidas de recorte que siempre han sido en el mismo sentido: farmacia y los productos sanitarios, y, además, no se paga a esos proveedores, o, incluso en algún sitio, se dice que no se contabilizan las facturas. Se habla ya de 16.000 o de 18.000 millones de euros de deuda sanitaria, pero hay quien dice que es mayor, porque hay deuda no contabilizada. Por tanto, tenemos un problema de insuficiencia presupuestaria. ¿Qué pueden hacer los directivos? Lo que ya están haciendo: en combinación con los profesionales, una política de ajustes, de optimización, de incrementar la eficiencia, es decir, de hacer más con menos, o de, sobre todo, intentar conseguir hacer lo mismo con menos presupuesto, que es lo que hay que seguir teniendo por parte del directivo: esa imaginación y, en algún caso, desgraciadamente, recortar en política de recursos humanos y retribuciones, de contrataciones, de desarrollo de carrera profesional, de guardias, incrementar el número de horas como se ha hecho en casi todas las comunidades… Es decir, es un momento en el que, dicho vulgarmente, nos toca a todos apretarnos el cinturón, de modo que hay que buscar soluciones de complicidad con el profesional para que salgamos adelante de este pozo.

El cambio de Gobierno central, y de la mayoría de los ejecutivos autonómicos, ha originado, como de costumbre, numerosas obligaciones de cese en los puestos directivos y nombramientos acordes a la ideología política de los partidos. Hábleme del proyecto de Sedisa para promover la formación específica del directivo de la salud como solución a este viejo problema.

Evidentemente, nosotros defendemos como una de las cuatro líneas estratégicas de nuestra sociedad la profesionalización de la función directiva. Hay otras líneas, como el desarrollo de la gestión clínica, la formación continuada de los profesionales y la imbricación de los directivos de la salud con el resto de agentes del sector, y la mejora de la relación con los profesionales sanitarios.

Estévez se muestra conforme con la subcomisión del Congreso pero la considera insuficiente.

Pero, evidentemente, entendemos que el político, el dueño provisional de un sistema hospitalario, de un sistema de instituciones sanitarias, es el que tiene que decidir las líneas estratégicas. Y es el que tiene que decidir los nombramientos de libre designación de los directivos sanitarios de su entorno. Pero lo que pedimos es que, respetándose la libre designación, esos nombramientos se hagan a profesionales directivos de la salud, que tengan conocimientos, aptitudes, actitudes y experiencia, y que eso lo desarrollen en su trabajo, porque los centros sanitarios se van a beneficiar de que sean directivos profesionalizados. Desgraciadamente, la última anécdota es que, en un gran hospital de nuestro país, en uno de los mejores hospitales, hace muy pocas fechas, ha cesado su gerente, que era un profesional afamado y con experiencia en la gestión, y se ha incorporado una persona que nunca ha dirigido un centro hospitalario ni una empresa importante, que es ajena al sector sanitario y que no conoce los problemas, virtudes y defectos del sistema sanitario. Nosotros vamos en contra de ese tipo de nombramientos.

Y solo hay que pensar una cosa: cuando un centro privado selecciona a su gerente o a su equipo directivo, no busca esas afinidades “político-amistosas”; busca buenos profesionales. Por tanto, un hospital o un centro de salud, que son una empresa de servicios sanitarios, también debe tener una gestión empresarizada y una dirección profesionalizada. Dentro de esa área, aparte de que nosotros prediquemos en el desierto, hay una frase mía que dije en 2004 y que la mantengo en la fecha: “No queremos que al frente de grandes hospitales se ponga a políticos en paro”. Nosotros defendemos esa profesionalización, y, para ello, estamos confeccionando un equipo de trabajo con la ayuda de todos los socios de la Sociedad –que pueden aportar sus opiniones– un documento –que esperamos presentar en breves fechas– de desarrollo curricular, de trayectoria profesional, donde se recojan estos temas que he comentado antes de habilidades, conocimientos, aptitudes y experiencia.

Por último, nos interesa su opinión sobre la sanidad privada, y sobre su colaboración con el sector sanitario privado como una fórmula o recurso para afianzar el sostenimiento del Sistema Nacional de Salud.

Pues mire: de las cifras que todos podemos leer –e incluso se publican con uno o dos años de retraso como mínimo–, en los últimos años se ha incrementado la participación de la sanidad pública en el monto total del producto interior bruto de este país. Se habla de que la sanidad pública consume el 6,8 por ciento del producto interior bruto, y el 2,3 o el 2,5 la sanidad privada, y eso va en aumento. Por lo tanto, la sanidad privada tiene un papel muy importante.

El entrevistado expresa su opinión sobre el sector sanitario privado en España.

En segundo lugar, hay 250.000 profesionales sanitarios que trabajan en centros sanitarios privados total o parcialmente en su jornada laboral, y más de la mitad de los centros del Catálogo Nacional de Hospitales tiene titularidad privada. Por tanto, yo defiendo ese papel importante [de la sanidad privada]; no un papel subsidiario como se decía antes, sino asociativo, es decir, en igualdad de condiciones, y defiendo que va a ir aumentando ese papel de la sanidad privada, porque tiene las mismas virtudes que la pública en cuanto a conocimiento científico-técnico, incorporación de profesionales, motivación, equipo, trato, información, comodidad, etc. Y, por otra parte, hay organismos como el IDIS –al cual no pertenezco pero que comparto su manera de actuar– que está desarrollando un importante papel en nuestro país. Por tanto, el papel de la sanidad privada va a aumentar (estoy seguro de que lo hará en comunidades en las que su papel aún es pequeño) y tiene que coordinarse en plano de igualdad con la pública.

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