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Lunes, 20 de junio de 2011   |  Número 34 Año I
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JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ, GERENTE DEL COMPLEJO ASISTENCIAL DE SORIA
“Los derechos del estatutario en sanidad son demasiado amplios”
El entrevistado considera adecuada la colaboración público-privada en el sector

Javier Barbado / Imagen: Miguel Ángel Escobar. Lerma (Burgos)
En opinión de este directivo, con veinte años de experiencia gestora en el sector sanitario, cambiar algunos elementos de la sanidad pública conduciría, si no a mejorar, al menos a mantener a largo plazo las actuales prestaciones del Sistema Nacional de Salud. Desde su punto de vista, algunos derechos del personal estatutario que trabaja en la sanidad española son demasiado generosos, máxime si se repara en que hablamos de un servicio que funciona las 24 horas del día y exige más dedicación y esfuerzo que otros empeños, ya que los resultados condicionan la salud de los ciudadanos.

La crisis económica obliga a los gerentes a obtener iguales resultados con menos recursos, ¿cómo lo consiguen?

Hay que insistir en dos aspectos. Uno es que, en efecto, hay que ajustarse el cinturón, y eso nunca es agradable. En el pasado ha habido varios años de prosperidad en los que el incremento de la cartera de servicios se ha visto acompañado de un aumento de los recursos. Ahora, en cambio, la situación nos obliga a potenciar las habilidades gestoras y aplicar procesos de reingeniería que permitan, por lo menos, mantener lo que tenemos, y, si es posible, seguir creciendo en términos de calidad.

¿Cree que debería profesionalizarse la figura del gerente de hospital?

Bueno, yo no soy político ni médico en este caso: soy economista. Llevo veinte años en la sanidad y he convivido con diferentes líneas políticas. Yo al político lo veo como al accionista, y, estén o no más o menos politizados los hospitales, lo que está claro es que cuando, en mi caso, se dirigen a José Antonio, saben que se dirigen a un profesional, y como tal tengo que hacer que las cosas tengan, también, su venta, tal como sucede en cualquier empresa.

Así que me considero un profesional y, en cuanto a los políticos, deben actuar como tales y, además, como gestores. En realidad, la gestión es algo inherente a la vida misma: cada acto que uno hace ha de aportar algún valor (y para eso hay que saber gestionar) y, en segundo término, está la dirección: hacia dónde llevas el barco, o sea, la política, con tus ideales y creencias. Pero entiendo que un político que no es gestor, o que no tiene habilidades para tomar las decisiones correctas, se convierte en un problema para nuestro país.

Proliferan modelos de gestión en los que intervienen tanto la Administración como empresas privadas. ¿Se muestra partidario de estas iniciativas?

La sanidad pública ha de tener unas directrices estratégicas básicas de funcionamiento, y debe saber interrelacionarse con la sanidad privada. Posiblemente, no todos los escenarios ni todos los contextos sociales o poblacionales sean iguales. Nosotros, de hecho, tenemos un proyecto, en este momento, con la Dirección General de Planificación de la Consejería sobre la hospitalización a domicilio, y yo entiendo que, por ejemplo, esa gestión puede ser perfectamente complementaria. Es más: formaría parte de la actividad del hospital y debería ser gestionada de forma privada.

Del mismo modo, entiendo que la gestión pública todavía tiene mucho margen de maniobra siempre que le marquemos criterios claros. Es decir, no se puede tener, centrándonos en puntos concretos, personal del hospital o de la Atención Primaria con casi dos meses de vacaciones. No por éstas en sí mismas, sino porque hablamos de sistemas que funcionan las 24 horas en los que prima la calidad y seguridad de nuestros pacientes, y, a veces, se generan importantes problemas de gestión que las comprometen. Resultan, en fin, incoherentes unos derechos tal vez excesivamente amplios de los trabajadores, y eso que yo soy personal estatutario, porque ejerzo un puesto directivo de libre designación pero también tengo mi plaza en el sistema. Pero eso no me impide denunciar que me parece increíble que estemos, a veces, poniendo en riesgo la operatividad de los sistemas sanitarios, al fin y al cabo uno de los bienes de nuestro Estado del bienestar más apreciados por los ciudadanos.

Hacen falta, en su opinión, muchos cambios…

Hay muchas cuestiones operativas que, de cambiar, harían rápidamente más eficiente al sistema, o, por lo menos, contendrían el gasto y harían que los hospitales funcionasen con mucha más armonía al menos hasta que vinieran tiempos mejores.
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