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Lunes, 02 de diciembre de 2013   |  Número 88 Año IV
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EN PRIMERA PERSONA
ALBERTO GIMÉNEZ, PRESIDENTE DE FES
“La sanidad puede ahorrar 20.000 millones sin recortar sus servicios”
El gasto de crónico por cama es de 800 euros cuando podría reducirse a 200

Javier Barbado / Imagen: Miguel Ángel Escobar. Segovia

Giménez da su diagnóstico de la situación actual del SNS.

El presidente de la Fundación Economía y Salud (FES) encabeza un informe recién publicado en el que han colaborado diez entidades de poderosa influencia en el sector sanitario como el Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS), la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa) o la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (ANDE). De acuerdo con la conversación concedida a este periódico, la gestión adecuada de la sanidad permitiría ahorrar más de 20.000 millones de euros sin necesidad de acometer más recortes en sus prestaciones. Del mismo modo, augura un gran papel para la Ley de Dependencia aunque lamenta que se haya congelado su presupuesto para el próximo año y, por lo tanto, no se pueda ampliar el rango de personas que se beneficia de su aplicación.

La Fundación Economía y Salud acaba de presentar un informe sobre la situación del Sistema Nacional de Salud que incluye una serie de recomendaciones. ¿En qué consiste este estudio?

La Fundación Economía y Salud nació hace exactamente un año, en noviembre de 2012. En efecto, hemos presentado el informe en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que lleva a cabo un diagnóstico del Sistema Nacional de Salud entendido en su sentido amplio, es decir, tanto lo sanitario como lo sociosanitario y lo social; propone el modelo que, entendemos, debe ser el que genera más calidad y sostenibilidad al mismo tiempo; y, por último, proponemos medidas muy concretas que puedan ponerse en práctica mañana mismo y que no tienen por qué encontrar resistencias a su implantación porque se basan en el sentido común y merecen el apoyo de toda la sociedad civil y de todas las instituciones políticas.

¿Puede hacerme su diagnóstico del actual Sistema Nacional de Salud?

La calidad del sistema no la pone en duda nadie: las organizaciones internacionales [en concreto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –OCDE–] nos sitúan en un nivel muy alto: entre el quinto y sexto puesto en calidad de la asistencia sanitaria. Es verdad que el Sistema Nacional de Salud consume mucho: hasta 100.000 millones de euros entendido en su globalidad, pero estamos en contra de las medidas de recorte del sistema: no es necesario recortar servicios. Creemos que si lo ajustamos bien, lo dotamos de eficiencia e instrumentos que midan y valoren objetivamente resultados (no solo actividad) podremos lograr una reducción muy importante, en concreto –aunque de manera aproximada–, que supere los 20.000 millones de euros.

Por lo tanto, nosotros decimos “sí” al modelo de salud que estamos llevando adelante, “sí” a justarlo y a hacerlo eficiente, “no” al recorte y continuar con la colaboración público-privada sin defender una u otra posiciones: la Medicina es un servicio público y la gestión debe hacerse de la forma más eficiente posible. Esto último será, en ocasiones, a partir de la gestión pública –hay que decir que, con los instrumentos de que dispone, se hace a veces muy bien– y, en otras, a partir de la privada: no es tan importante que sea una u otra, porque lo relevante es el modelo, el servicio público que debe ser controlado y la gestión debe siempre hacerse por aquellos operadores que lo hagan de la forma más eficiente posible.

Las medidas hacen especial hincapié en el cambio demográfico y en la proliferación de enfermos crónicos. ¿Son la clave del sostenimiento del sistema a largo plazo?

Nosotros tenemos ya muchos crónicos: más del 50 por ciento en los hospitales de agudos con un coste de cerca de 800 euros la cama. Esos enfermos pueden recibir no el mismo tratamiento, sino incluso mucho mejor, porque es el que necesitan y no están en una condición inestable o aguda, por 200 euros la cama. Es decir: más salud, mejor tratamiento y más ahorro. Ésta es la línea en la que estamos trabajando.

Sucede lo mismo en prevención. Hablamos de ellos de forma permanente, pero no la presupuestamos, y prevenir en salud no es solo mejorarla, sino también ahorrar en costes.

Como expresidente de la Asociación Empresarial de Residentes de Tercera Edad (Aerte) y, por lo tanto, persona cualificada para opinar sobre ello, ¿qué opinión le merece la Ley de Dependencia?

Puedo hablar desde la Presidencia de la Fundación Economía y Salud porque, como usted dice, ya dejé el puesto de presidente de Aerte y de miembro de la Ejecutiva nacional de FED para dedicarme exclusivamente a la Fundación, donde el ámbito de trabajo es, digamos, más científico, más pausado, y no debe mezclarse con la lucha diaria de la patronal.

 El presidente de FES habla de crónicos y de Ley de Dependencia.

No obstante, también desde la Fundación, tengo la obligación de conocer perfectamente la evolución de la Ley de la Dependencia, y podemos decir que su aplicación está a medio desarrollo. La Ley reconoce un derecho subjetivo: hay más de 300.000 personas en espera para recibir ese derecho. Para este próximo ejercicio se han congelado los presupuestos y, por lo tanto, no vamos a poder atender a más personas de las 700.000 que ya lo están, y la Ley de la Dependencia desempeñará un gran papel.

En la Fundación Economía y Salud hemos hecho estudios que prueban que atender a las personas en situación de Dependencia tiene más retorno que gasto. Por cada euro que se gasta en las ayudas o subvenciones que necesitan dependencia, recuperamos 1,3 en empleo, en fiscalidad… Tenga usted en cuenta que, por ley, cada dos personas dependientes necesitan un puesto de trabajo. Por lo tanto, todas esas medidas ‘macro’ –entendiéndolas también como inversión– permitirían salir un poco de la crisis. Es verdad que hay que hacer medidas de ajuste, pero también hay que hacer medidas de impulso económico que creen empleo, y en esto la salud es muy importante. Impulsar en medidas de salud es impulsar no solo en reducción de gasto –porque genera salud–, sino en creación de empleo, de conocimientos. De hecho, somos muy buenos en conocimiento, podemos venderlo al mundo del mismo modo que podemos vender turismo de la salud, aspecto que también nos interesa y en el que también estamos trabajando desde la Fundación.

 

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