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Lunes, 10 de marzo de 2014   |  Número 93 Año V
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EN PORTADA
JOSÉ MARÍA ABELLÁN,  ECONOMISTA DE LA SALUD
“La economía debe crecer el 2% en dos años para contener el gasto sanitario”
La caída de los ingresos tributarios pone en jaque la asistencia en las comunidades autónomas

Javier Barbado. Madrid
Antes de 2008, la sanidad campaba boyante entre los servicios públicos que han hecho del Sistema Nacional de Salud (SNS) una referencia mundial. Prueba de ello son los datos macroeconómicos que estudia el profesor titular del ramo por la Universidad de Murcia y tesorero de la Asociación de Economía de la Salud (AES), José María Abellán, y que revela a Publicación de Directivos de la Salud: “Entre el año en que se cierra la transferencia de la sanidad a todas las comunidades autónomas, 2002, y 2009, el gasto sanitario en términos reales multiplica por cuatro el producto interior bruto –PIB– del país”. Se trata de la bautizada por muchos como “la burbuja sanitaria”.

El tesorero de la AES y profesor titular de Economía por la Universidad de Murcia, durante su intervención en la jornada técnica celebrada en Pamplona.

Por eso a los economistas como Abellán y a la propia AES les obsesiona desde hace tiempo el interrogante de si resulta posible sostener el SNS tal como lo hemos conocido hasta ahora. Para lograrlo, la economía española tendría que crecer, de aquí a 2016, una tasa media cercana al 2 por ciento en términos reales, lo cual es mucho decir si se repara –puntualiza el entrevistado– en las previsiones pesimistas de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Ése sería el crecimiento que resulta necesario para que la relación entre el gasto sanitario público y los ingresos de las comunidades autónomas no se disparen”, ratifica, y cita la última investigación publicada sobre esta materia de la que ha sido partícipe: El Sistema Sanitario Público de España y de sus Comunidades Autónomas. Sostenibilidad y Reforma, editado por la Fundación BBVA y difundido en 2010. Datos que ofreció ante el nutrido auditorio que acudió a escucharlo a Pamplona, a principios de este mes, durante la jornada técnica Gestión Hospitalaria y Evaluación Económica, organizada por la AES.

‘Desfinanciar’ y ‘reinvertir’

¿Cuáles son las recetas que proporciona este economista? Las mismas que la AES, que él concreta en actitudes necesarias en los profesionales sanitarios, los directivos de los centros y hospitales y, por supuesto, los políticos del sector autonómicos y del Gobierno central: racionalizar el gasto optando por usar los recursos disponibles a partir de su coste-efectividad.

Para ello, en primer lugar, se debe desfinanciar todo aquello que se revela ineficaz, ineficiente o ambas cosas a la vez. Y he aquí la sutileza que exige esta clase de operaciones y que Abellán remarca: tal como él lo ve, se dan casos en los que un determinado medicamento, productos sanitario, dispositivo terapéutico, procedimiento quirúrgico o diagnóstico se descubre eficaz y coste-eficiente para un grupo de pacientes, y, sin embargo, deja de revestir tal propiedad, incluso para la misma cohorte de enfermos, al cabo de un periodo de tiempo. Pura gestión que solo un profesional cualificado solventa.

Como ilustración de este fenómeno, Abellán ofrece diversos ejemplos: “El uso del stent recubierto de fármaco resulta coste-efectivo para determinados enfermos que cumplen una serie de factores de riesgo [cardiovascular]; pero deja de serlo si se administra a los pacientes fuera de la indicación médica, situaciones que se resolverían con el uso del stent convencional”. O también la práctica sistemática de un placa radiográfica de tórax en el preoperatorio de pacientes sin antecedentes relevantes que lo justifiquen; o, en tercer lugar, el uso de los condroprotectores, medicamentos para regenerar el cartílago que son muy inefectivos y que cuestan a las arcas públicas cien millones de euros al año.

A la desfinanciación –siempre según la misma fuente– le debe seguir la reinversión: reorientar el superávit resultante de esa adecuada gestión de los recursos en tecnología sanitaria que aporte valor contrastado al enfermo. “Pero para dar este paso nos falta cultura evaluadora”, recuerda Abellán, quien señala así a una de las principales reivindicaciones de la AES y de colectivos diversos como, por ejemplo, la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa) según dejó claro, hace poco, su secretario general Mariano Guerrero. Algo similar al NICE británico (el organismo de esta nacionalidad que controla y evalúa la calidad de las prestaciones del National Health Service –NHS–) y de lo que se habla desde hace algunos años e incluso se ha bautizado mucho antes de que sea, siquiera, un proyecto sólido: el Hispanice.

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