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Miércoles, 10 de septiembre de 2014   |  Número 98 Año V
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POR MEDIO DE SU PROYECTO ‘BASELINE STUDY’
Google ‘mapea’ marcadores biológicos para prevenir la enfermedad
Un equipo identifica en personas sanas información genética y biomolecular

Javier Barbado. Madrid
La noticia se divulgó en The Wall Street Journal antes del verano. Un biólogo molecular de 50 años de edad, Andrew Conrad, se ha rodeado, desde marzo del año pasado, de un equipo de reputados expertos en diversos campos de las ciencias biológicas para desarrollar, en un laboratorio creado por la famosa compañía Google, un proyecto de recopilación de datos moleculares en personas sanas para datar los marcadores que predisponen a la enfermedad y de ese modo prevenirla.

Se trata de una idea casi fantástica pero que, de perseverar en el tiempo, reflejaría de forma muy realista por qué hay quien acaba por enfermar del corazón o de cáncer y quien, en circunstancias de vida similares, no lo hace, si bien la explicación satisfactoria de la predisposición patológica dista todavía de ser tan simple, pues hace mucho tiempo que los científicos se enzarzan en el debate de la influencia de los genes versus la del entorno y las conclusiones se hallan lejos de resultar definitivas.

El biólogo molecular Andrew Conrad.

En todo caso, el trabajo de Google, que ha sido bautizado como Baseline Study, no estorbará a los investigadores y, por el contrario, les aportará pistas válidas para anticiparse al desarrollo de una enfermedad específica delatada por los biomarcadores del cuerpo humano conocidos y por datar, lo cual, a su vez, permitirá que el potencial paciente cambie sus hábitos y estilo de vida mucho antes de caer enfermo y eludir así el desarrollo del mal al que parecía condenado (y he aquí que el papel del medio ambiente se demuestra igualmente influyente en el resultado final de salud o enfermedad).

Moléculas y células

Pero, según resalta el artículo del rotativo estadounidense, las repercusiones del manejo de tan sensible información (nada menos que las proteínas codificadas por el ADN del organismo) irían, de publicarse en algún sitio, mucho más allá de la esfera médica y científica y entrarían de lleno en el espinoso terreno de la privacidad de la persona y también de la avidez, por ejemplo, de las compañías aseguradoras por conocer de antemano la probabilidad de gasto que le generara cada cliente con el tiempo.

Sea como fuere, la investigación de Conrad avanza sin pausa y promete adherirse de este modo a la que quizá sea la idea intelectual y científica más alucinante del nuevo milenio: la decodificación del genoma humano y su uso para la Medicina personalizada y preventiva.

 

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