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Jueves, 08 de mayo de 2014   |  Número 95 Año V
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enfermería directiva
JOSÉ MOGUER, VICESECRETARIO DE ANDE
“Escasean las directivas enfermeras por falta de ambición”
Preside el Comité Organizador de las 25º Jornadas Nacionales de Enfermeras Gestores

Javier Barbado. Madrid
La poca ambición científica de la enfermera y otras razones de índole social como el predominio del sexo femenino explican, en parte, que tan solo una quincena de estas profesionales ostente altos cargos directivos en el Sistema Nacional de Salud (SNS) –excluidas las gerencias y direcciones de centros y hospitales y los cargos de asesoría–, tal como publicó este periódico en su momento. Al menos así lo cree el presidente del Comité Organizador de las 25ª Jornadas Nacionales de Enfermeras Gestoras que se celebra este mes en Sevilla y que atraerá, como poco, a medio centenar de especialistas procedentes de toda España.

 José Moguer es vicesecretario de ANDE y presidente de las 25ª Jornadas Nacionales de Enfermeras Gestoras.

ANDE organiza este mes la 25ª edición de las Jornadas Nacionales de Enfermeras Gestoras, esta vez en Sevilla. ¿Está todo a punto quedan flecos por organizar?

Como ocurre en todas las jornadas y cuando se trabaja para que salgan perfectas o pluscuamperfectas, siempre hay algo que mejorar y estar preparados para cualquier demanda inesperada. Así y todo, los flecos que puedan quedar estarán más que organizados para esa fecha, y sin duda todo estará preparado para las 25ª Jornadas.

Y añadiría que se está haciendo un buen trabajo pues ya estamos viendo resultados que hacen pensar en unas jornadas exitosas. Me explico. En el apartado científico, cerramos los componentes de las Mesas de Debate (tres) en el mes de enero, con primeras figuras (15) en el ámbito de la gestión.

Para que todo lo anterior pueda ser cuantificable, te diré que, a  día de hoy, hemos recibido  253 trabajos activos, es decir, con evaluadores de las distintas áreas temáticas. El plazo ha concluido el 30 de Abril.

De las 253, han sido evaluadas, aceptadas,  y enviadas a los autores su admisión, 225 (113 comunicaciones, 44 Experiencias y 58 pósteres). Aquí tengo que agradecer a los miembros del Comité Científico su celeridad y su buen trabajo.  Esto supone haber contestado ya a cerca del 90 por ciento.

Tenemos 405 personas inscritas de todas las comunidades autónomas, incluida la Ciudad Autónoma de Ceuta. Estamos cerca de cumplir el objetivo de 500.  Te diría, que estamos ya en una espera “activa”.

Entre las áreas temáticas, una de ellas analiza el valor estratégico y político en los cuidados en los sistemas sanitarios. Este periódico publicó una investigación que revelaba que apenas una quincena de enfermeras ostenta un alto cargo directivo en la sanidad española (se excluyen aquí direcciones y gerencias de centros y cargos de Asesoría). ¿A qué atribuye esta discriminación?

No hablaría de discriminación en el sentido estricto del término. La gestión en las organizaciones de salud, como en otros muchos órdenes de la vida, también presenta inercias.

Probablemente se deba a que todavía tenemos que pelear nuestra visibilidad. En mi opinión, como decía antes, no hay que hablar de discriminación. Cierto es que, en la realidad actual, el acceso de las enfermeras –y permíteme hablar en femenino–  a la alta dirección es escaso teniendo en cuenta el volumen de estos profesionales en los sistemas sanitarios. Esta situación, como todo en la vida, no es unicausal, sino que se dan múltiples factores como: las condiciones unidas al género (es una disciplina vinculada mayoritariamente al género femenino); la falta de “ambición” de las enfermeras (aún muchas no llegan a creer en sus propias oportunidades); el vínculo, que la sociedad en general y los propios sistemas sanitarios tienen, de una “subordinación” a otras disciplinas; y la falta de formación dirigida a la gestión. Aquí me gustaría destacar que, en el proceso curricular de Enfermería, se incluye formación en gestión de sistemas sanitarios, circunstancia que no se da en otras disciplinas con mayor representación en la gestión de los sistemas sanitarios.

La gestión precisa de mayor enfoque profesional. Que un solo perfil de profesionales  sea responsable de la gestión de las organizaciones sanitarias está reñido con la realidad y  actual necesidad que es plural y sujeta a cambios.

Los gestores sanitarios han de ser profesionales con perfil asistencial y con competencias acreditadas en liderazgo, gestión clínica, políticas y estrategias sanitarias y no –permítame la expresión–, ligada sólo a “estar en el sitio y en el momento adecuado”.

Sin embargo, en los últimos años el nivel de formación y de competencias gestoras de los enfermeros ha aumentado notablemente y se ha equiparado sin ningún género de dudas al del resto de profesionales.

El reto ahora consiste en decidir cuál es el marco desde el que se deben tomar las decisiones. En este momento, un médico, un economista o un enfermero pueden tener exactamente la misma formación en gestión y, por tanto, la misma competencia en este ámbito. Ahora le toca al sistema decidir qué marco y que profesional es el adecuado para tomar decisiones en el ámbito particular de la sanidad, puesto que de momento no existe ninguna carrera universitaria que prepare para ser gestor sanitario.

Otra de las áreas alude a los resultados en salud y al impacto de los cuidados. Diversos agentes del sector han denunciado, de forma persistente, la ausencia de evaluación en España de lo que se hace en la práctica clínica. ¿Es el caso de la actividad enfermera?

La actividad enfermera está incluida, lógicamente, en la práctica asistencial integral que se produce en los sistemas sanitarios. Por tanto, la limitación de estudios de evaluación de resultados en salud también se da en el impacto de los cuidados. Esta es una realidad que ocurre en los sistemas sanitarios a nivel mundial, no es exclusivo de España.

Aunque también es cierto que en estos últimos años se ha visto incrementado el número de publicaciones que recogen de forma sistemática los resultados en salud. Prueba de ello es el amplio interés que este asunto ha supuesto en estas jornadas que, como bien destaca en su pregunta, se le dedica un área de forma específica.

Existe una responsabilidad compartida, de la propia disciplina, de evaluar su práctica así como una responsabilidad social de los sistemas sanitarios de liderar prácticas investigadoras, de evaluar las prácticas clínicas de sus profesionales, de evaluar las prácticas gestoras, etc.

Existen limitaciones para la investigación en los profesionales sanitarios, y, en el caso, de la investigación en cuidados, es quizás más destacable.

El acceso al grado, doctorado, etc., esperemos que provoque mayores y mejores estudios. Por otra parte, está cada vez más extendida la incorporación de la práctica enfermera basada en la evidencia a los planes de cuidados. De forma análoga a otras prácticas clínicas, las bases documentales en las que se recogen estas evidencias se han ido engrosando en los últimos años e incorporándose a los manuales de procedimientos enfermeros en las distintas organizaciones. En este sentido, resulta destacable la labor de los servicios de docencia y calidad en Enfermería y da cuenta de la importancia de su existencia en los servicios de salud.

La primera área temática analiza la relación entre la enfermera y la sociedad e incluso aboga por la creación de una alianza. ¿A qué se refiere esta propuesta, es decir, como se materializa esa idea?

Una alianza se basa en una unión de esfuerzos por unos intereses comunes. Sin duda que la profesión enfermera y su razón de ser, la salud y el bienestar de la ciudadanía, se identifica con aspiraciones y búsqueda de logros que posee nuestra sociedad. Pero para que esta alianza, que es consuetudinaria, consiga sacarnos de esta situación de crisis económica, social y política es necesario conocer cómo nos ve la sociedad, qué espera de nosotros, qué debemos hacer para llegar a cumplir dichas expectativas y además cómo hacer que la sociedad sepa cómo puede contribuir a esta alianza, sus logros y, con ello, el continuo desarrollo de nuestra profesión.

Este lema está alineado con el objetivo de centrar los servicios de salud en el usuario. Comprobará que la totalidad de los Planes de Salud incorporan entre sus líneas estratégicas este modelo. Esta es una posición privilegiada a la hora de trasladar la demanda sentida y expresada a la planificación constituyendo alianzas entre la sociedad y los servicios sanitarios.

La disciplina enfermera, tiene una responsabilidad con la sociedad; las enfermeras son los profesionales que en términos cuantitativo y cualitativos pasan más tiempo con las personas usuarias de los sistemas sanitarios.

Es por ello, y por otros muchos motivos, que la enfermería ha de velar, garantizar, que los derechos de los ciudadanos se cumplan; las enfermeras han de dirigir y visualizar que su objetivo de atención son las personas, deben reclamar y ejercer más liderazgos en las políticas sanitarias; las enfermeras hemos de defender nuestro objeto que no es otro que los cuidados, y para ello debemos avanzar en nuevos roles, nuevas prácticas como la prescripción enfermera, practicas avanzadas en cuidados y más responsabilidad en los procesos asistenciales.

Como prueba de algunas iniciativas está la gestión de casos, práctica avanzada que se inicia en el Estado español en Canarias y Andalucía y hoy es una realidad en casi todas las comunidades autónomas.

Pero se ha de seguir; es de reconocimiento internacional por evaluadores públicos y privados, el rol líder que han de desarrollar las enfermeras en la atención a las personas con enfermedades crónicas. Y para ello los sistemas sanitarios han de propiciar estrategias que garanticen este liderazgo, el trabajo multidisciplinar y el empoderamiento de los ciudadanos.

Se han hecho avances muy importantes en estos últimos 25 años, pero se ha de seguir y sin duda a un ritmo mucho mayor.  El reto del 2020 está ya aquí, el uso de las TIC es algo muy generalizado, la sociedad está más informada… y todo ello debemos integrarlo en las políticas sanitarias y en los profesionales. Las enfermeras hemos de liderar estas estrategias.

Entre los talleres de las jornadas, no falta el que enseña a escribir y publicar un artículo científico. ¿Persiste el recelo de los enfermeros a elaborar esta clase de trabajos o eso ha cambiado desde hace tiempo?

Desde hace años, la profesión enfermera ha incluido en su formación básica herramientas para la investigación. Raro es encontrarnos con profesionales que no hayan participado en alguna investigación, aunque ésta no haya sido finalmente publicada. En el ámbito sanitario, las enfermeras  están teniendo un papel muy destacado en la investigación cualitativa y, por la idiosincrasia de la propia profesión, resulta natural investigar de forma colaborativa con otras profesiones tanto en salud como en bienestar social.

El reto está ahora a otro nivel y tiene su paralelismo con lo que hemos comentado antes, el hecho de ocupar posiciones en puestos directivos. El reto es encontrarnos cada vez más siendo  las investigadoras principales en proyectos de investigación.

Hace tiempo que las enfermeras publican en aquellos medios que les facilitan la oportunidad de hacerlo. Nosotros con este taller tratamos de facilitar la formación necesaria para mejorar esas publicaciones. Aprender a escribir, resumir, y presentar un trabajo en público es clave hoy por hoy en nuestra profesión.

La transferencia de conocimiento a la práctica clínica diaria en las instituciones,  que surge de tantos y tantos proyectos presentados en las Jornadas científicas es también una responsabilidad profesional.

Por otra parte no lo llamaría recelo exactamente. Es una cuestión relacionada con la definición de la enfermería como oficio o como profesión. En la medida que se profesionaliza el arte de cuidar se propicia la dinámica de sistematizar lo que se hace,  y publicarlo. En este sentido los progresos académicos de la titulación han contribuido sensiblemente y se han hecho notar.

Existe un crecimiento exponencial de las publicaciones científicas y un más fácil  acceso  para los profesionales sanitarios.

En otra entrevista usted propuso la creación de un catálogo de productos enfermeros aplicable a las unidades de gestión clínica. ¿A qué se refiere exactamente?

Me refería a que, si las Unidades de Gestión Clínica tienen su cartera de servicios, las enfermeras tienen su marco competencial propio para ofrecer su oferta de servicios específica e interrelacionada con los demás componentes del equipo multidisciplinar.

Sería necesario redefinir claramente  la cartera de servicios, cuál es la aportación enfermera,  hacerlos más accesibles, fáciles de identificar, eficientes y avalados por criterios de calidad basados en la competencia profesional.

Desde el punto de vista laboral, ¿se encuentra en crisis la profesión en España tal como usted lo ve?

En realidad es España la que se encuentra en crisis, y la profesión enfermera forma parte de esta realidad. Como profesión no nos encontramos en crisis. Más aún: pensamos que, en estos momentos, la profesión enfermera tiene la oportunidad de demostrar el papel que desempeña en la sociedad y su capacidad para remontar desde situaciones muy adversas, desde los principios de eficiencia y equidad.

La profesión enfermera no escapa a la situación de crisis laboral que tenemos en este país, y es muy sensible a los recortes en la sanidad pública. Es imprescindible que las administraciones públicas aprovechen y rentabilicen el potencial de conocimientos de este colectivo a partir de reorientar las competencias de los diferentes profesionales que integran el equipo de salud.

La profesión por tanto no está en crisis aunque sí lo está el mercado laboral. Pero esto es una cuestión estructural transversal al resto de la sociedad.

Desde el punto de vista profesional, las necesidades de cuidados en la sociedad actual han ido en aumento. Los profesionales expertos en esta cuestión son las enfermeras y no es disparatado concluir que debe ser una profesión en auge; de hecho, así es en los países de nuestro entorno y las autoridades sanitarias internacionales recomiendan servicios de salud basados en el cuidado.

La disciplina de Enfermería, históricamente, ha ido viviendo periodos cíclicos en el aspecto laboral, con periodos oscilantes de mayor y menor estabilidad. La situación actual es bien distinta. Las comunidades autónomas no son capaces de absorber la oferta de profesionales por la escasa demanda de contrataciones, mientras que los países de nuestro entorno buscan en España a unos profesionales que no solo aúnan buena preparación, sino que desempeñan una práctica profesional que supera, en muchos casos, las expectativas de esos países.

En España, en el número de enfermeras en activo facilitado por el Instituto Nacional de Estadística,  se observa un crecimiento neto anual estable de en torno a 6.000 enfermeras (resultado de restar el número de enfermeros que se jubilan del número total de egresados)

Pero este número de 6.000 no es en estos momentos real ya que no se cumplen las circunstancias de cobertura de las jubilaciones. El número medio de jubilaciones anuales es de 4.500 profesionales, que en otro momento serían reemplazados de manera automática y prácticamente en el cien por cien de los casos; en el momento actual, por normativa de carácter estatal (Ley General de Presupuestos del Estado –LGPE-), sólo se permite reemplazar un máximo del 10 por ciento, lo que cifra en 450 enfermeros los permitidos para suplir el abandono de la profesión por jubilación.

Con estas tasas de reposición, unas tasas de sustitución cada vez más bajas, y un alejamiento de los índices que la OMS considera recomendables de plantillas enfermeras, se constata que España, con 310 enfermeras por cada 100.000 habitantes, cada vez se aleja más de la media de la OCDE en número de enfermeras (480 enfermeras por 100.000 habitantes), mientras que sigue aumentando el número de médicos. Así, a partir del informe sobre Recursos Humanos del SNS de 2012 del Sindicato de Enfermería, podemos comprobar que existen 1,3 enfermeras por cada médico, mientras que la media de la OCDE  sitúa en 2,8 la ratio enfermera-médico.

También es llamativo el desequilibrio existente si comparamos los cargos de gestión en ambos colectivos. Mientras que en Enfermería existe un gestor por cada 27 enfermeras, en médicos hay un gestor por cada 9 médicos.

La media de la OCDE es de  7,73 por cada 1.000 habitantes, y la española, 4,37, lo que supone el 44 por ciento menos. España vive en estos momentos una delicada situación económica, y posee unos recursos muy limitados; no obstante sigue realizando una importante inversión formativa en enfermeras. En cambio, son los países con más recursos que el nuestro los que están aprovechando las capacidades de nuestros profesionales.

En la actualidad, muchos profesionales de Enfermería se ven abocados a dejar atrás a la familia, un hogar y sus raíces para lograr un empleo fuera de España. Debido a la crisis económica, se ha dejado de invertir en Enfermería: un error, ya que invertir en Enfermería supone una inversión en salud, ahorro de gasto sanitario y más sostenibilidad del sistema de salud.

Alemania ha visto en la crisis española una oportunidad para cubrir una de sus carencias, la falta de profesionales de Enfermería. En Noruega el ratio de enfermeras es de 14’4 por cada 1.000 habitantes. España se ha convertido en el último país europeo, junto a Polonia, en número de enfermeras por cada 1.000 habitantes y la tendencia no mejora.

Casi nueve de cada diez enfermeros en paro son mujeres y prácticamente uno de cada dos tiene menos de 29 años. La falta de coordinación entre oferta y demanda de titulados enfermeros está generando un acumulo de profesionales enfermeros titulados sin ninguna expectativa laboral en nuestro país.

Mención aparte merece analizar la situación que se está generando en el caso de las especialidades de enfermería, en la actualidad definidas e implantadas de forma desigual a lo largo del estado español tanto en el desarrollo de los planes formativos como en las políticas de empleabilidad.

En la actualidad se están ofertando las especialidades de Obstetricia-Ginecología (matrona), Salud Mental, Geriatría, Familia y Atención Comunitaria, Pediatría y Neonatología. Siendo la empleabilidad, salvo matronas, y en algunas comunidades autónomas la especialidad de Salud Mental, Inexistente.

Es necesario, en concordancia con las recomendaciones de la OMS y la tendencia de la OCDE, reorientar nuestro sistema sanitario de la medicalización al desarrollo y expansión de las políticas de cuidados, que van a predominar en este siglo XXI, como consecuencia del envejecimiento de la población y el aumento de las patologías crónicas.

A partir de esta reorientación del sistema sanitario es imprescindible incrementar los recursos enfermeros y la incorporación de enfermeras especialistas,  tanto en el sistema sanitario como en el sociosanitario lo que supondría ofrecer salidas laborales que mitiguen el paro enfermero a la vez que se proporcionan los cuidados adecuados a las demandas y necesidades de los ciudadanos.

En su opinión, ¿ha cambiado la percepción del ciudadano del enfermero o persiste su papel e imagen subordinados al médico?

Pensamos que sí que ha cambiado esta imagen de subordinación, aunque también somos conscientes de que esto depende de cada profesional y de cada ciudadano. Lo que sí es un hecho es la mejor formación de las enfermeras, su alto nivel curricular, sus competencias demostradas en el día a día y su contribución a una nueva forma de atención sanitaria. Esto está trayendo consigo el reconocimiento de las áreas donde la enfermera es plenamente autónoma y los principales beneficiados son los ciudadanos y, tras ellos, la propia organización.

Va cambiando pero a un ritmo más lento de lo que nos gustaría. En términos generales la imagen de la enfermera ha mejorado, aunque queda mucho. Ha cambiado en la medida en que también lo ha hecho el rol profesional de la Enfermería: lo he sugerido anteriormente. El ciudadano recurre a los profesionales sanitarios atinadamente, es decir, acude a la enfermería cuando requiere cuidados, educación para la salud, información sobre sus procesos, etc. El SNS deberá paulatinamente esforzarse en responder a la nueva demanda sanitaria y no insistir en la lógica de la emergencia. Es en este nuevo escenario donde el rol propio de la enfermera gana peso específico sin abandonar como es obvio el rol colaborativo con el resto de los profesionales sanitarios.

Este cambio de imagen, en mi opinión, ha de estar basado en estrategias de alianzas, de los representantes de las enfermeras (sindicatos, colegios profesionales, sociedades científicas) y los propios medios de comunicación; es una realidad la imagen proyectada en los medios de comunicación: asociada a enfermera de minifalda, bajo unas “ordenes”

No obstante según las encuestas los profesionales mejor valoradas por la ciudadanía son las enfermeras y enfermeros, somos sus aliados, sus representantes y así lo valoran.

¿Cree que el Consejo Nacional de Enfermería debería entablar relaciones más fluidas con organismos como ANDE?

Todas las sinergias que se establezcan son deseables. El objetivo es proporcionar respuestas adecuadas a las necesidades de salud de la sociedad.

En este sentido, deseo insistir en la oportunidad perdida de haber constituido un Foro de Enfermería, similar al constituido por la profesión médica en el que estuviesen integradas  todas las organizaciones que representan a alguna parte de la Enfermería. Creo que la constitución en solitario entre Consejo y Satse de la Mesa Estatal de la Profesión Enfermera ha sido una oportunidad perdida  para integrar los intereses de todos los colectivos profesionales.

¿Considera que la colegiación, en el caso de los enfermeros, debe ser obligatoria y, si es así, por qué razón?

No me gusta que sea obligatoria. Creo que bastaría con un registro profesional. Es más efectivo emplear esfuerzos en legitimar sin fisuras la protección de la salud de la ciudadanía como derecho.

 

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