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Lunes, 20 de enero de 2014   |  Número 90 Año IV
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DANIEL ZULAIKA, COORDINADOR DEL PLAN EN EL PAÍS VASCO
“El gerente hospitalario es el pilar de la lucha contra el sida”
Los directivos han creado las Unidades de Enfermedades Infecciosas

Javier Barbado. Madrid
La figura del gerente de hospital se erige como el eje sobre el que ha pivotado la lucha contra el sida en los últimos veinte años, pues a ella le tocó ‘bailar con la más fea’ al afrontar la elevada mortalidad de la enfermedad hasta bien entrada la década de los 90, una creciente partida presupuestaria para medicamentos antirretrovirales y la exigencia de crear unidades especializadas para atenderla, mérito que les atribuye el coordinador autonómico del Plan contra esta patología en el País Vasco y expresidente de la Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida (Seisida), Daniel Zulaika.

Daniel Zulaika, coordinador del Plan Vasco Contra el Sida.

Desde su punto de vista, la complejidad del diagnóstico y tratamiento del síndrome originado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) no podía ser abordada por cualquier médico, y, por esa razón, exigía que fuera el internista, en un primer momento, el que se ocupara de ello. En no mucho tiempo los directivos impulsaron la creación de Unidades de Enfermedades Infecciosas intrahospitalarias como una especie de servicios especializados en la enfermedad y a cuyo cargo se puso por lo general a internistas, aunque también la integran otros especialistas como los reumatólogos, según otra fuentes han aclarado a Publicación de Directivos de la Salud.

“La epidemia de sida fue el remate del ‘tsunami’ originado por las primeras infecciones asociadas al consumo de heroína en 1979. A partir de 1984, la enfermedad aparece en España y, aun en los años 1994 y 1995, los directivos debían soportar la presión de que se amortajase, cada semana, a entre dos y tres pacientes que la padecían; de ahí que creasen, en coordinación con los Servicios Centrales del Sistema Nacional de Salud, esas unidades especializadas, que en realidad funcionaban como ‘mini-especialidades”, explica Zulaika.

El Plan Contra el Sida del País Vasco, que encabeza desde hace 27 años, fue pionero en diversos avances como, por ejemplo, el primer programa de intercambio de jeringuillas en 1988 en Bilbao por medio de organizaciones no gubernamentales (ONG) así como el primero de esas características llevado a cabo en las oficinas de farmacia e incluso en una prisión, en concreto en Basauri (Vizcaya): “Un hito, al ser su posesión ilegal, que exigió un “encaje de bolillos” entre nosotros y los representantes de Instituciones Penitenciarias [del Ejecutivo central] y el Gobierno vasco”, matiza.

La función del coordinador de la enfermedad en el País Vasco incluye funciones de gestión como la puesta en marcha de las unidades específicas de los hospitales, la partida de medicamentos necesaria para combatir la enfermedad, el asesoramiento y subvención de ONG y de consultas de información sobre Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y embarazo no deseado, etc.

Registro de la enfermedad: voluntario pero suficiente

Preguntado por la existencia de un registro autonómico de enfermos de sida, por una parte, y seropositivos sin expresión del síndrome o la enfermedad, por otra, Zulaika asegura que, desde su punto de vista, el registro voluntario tanto de pacientes con sida como de seropositivos en cada comunidad autónoma funciona bien: “Es un buen sistema de recogida de datos con iniciales –las dos del nombre y del apellido de cada persona– y otras claves que se recopilan en los hospitales y se comunican al Ministerio de Sanidad, ya que respeta los derechos de confidencialidad y protección de datos y nos proporciona más del 90 por ciento de los casos que tienen lugar”.

En efecto –continúa– los epidemiólogos pedían en su momento más información (como, por ejemplo, el DNI de cada paciente o su dirección postal para evitar duplicidades entre otros fines) pero, tal como él lo ve, la petición “choca” con los derechos fundamentales de los enfermos y, además, cree que, tal como se hace ahora, “nos sirve para dirigir nuestros esfuerzos de prevención”. De hecho, ha servido para conocer, por ejemplo, que el 90 por ciento de los nuevos infectados por VIH lo han adquirido por vía sexual y, la mitad de ellos, pertenecen al colectivo gay. Y que se ha detectado un retraso en el diagnóstico de casi el 50 por ciento de los nuevos casos.

 

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