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Viernes, 22 de marzo de 2013   |  Número 73 Año IV
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gestión e innovación
EN EL NUESTRA SEÑORA DE CANDELARIA DE TENERIFE
10 parámetros para renovar el equipo tecnológico del hospital
Un modelo matemático mejora las previsiones de reemplazo del material electromédico

Javier Barbado. Madrid
Diez parámetros agrupados en cuatro categorías y calculados a partir de un modelo matemático han permitido precisar las razones objetivas por las que los equipos electromédicos deben reemplazarse por otros nuevos a medida que pasa el tiempo, con la consiguiente mejora en la gestión de los recursos disponibles para producir más y gastar menos. La fórmula se ha diseñado por los responsables del Departamento de Electromedicina del Hospital Nuestra Señora de Candelaria de Santa Cruz de Tenerife, entre ellos su coordinador de Área, Gianfranco Bagnaresi, con quien ha conversado Redacción Médica para analizarla y explorar sus aplicaciones más allá del centro tinerfeño.

 Carlos Bermúdez, subdirector de Tecnologías de la Información del Hospital Nuestra Señora de Candelaria, y Gianfranco Bagnaresi.

El sistema, que fue presentado en el 18º Congreso Nacional de Hospitales celebrado el mes pasado en Bilbao, es el resultado de cuatro años de trabajo por parte de técnicos y especialistas que han cimentado su desarrollo en otros modelos de uso común en Estados Unidos englobados en lo que se conoce como Health Technology Assessment, un campo de estudio multidisciplinar que analiza las implicaciones médicas, económicas, sociales e incluso éticas del uso, valor y difusión de la tecnología sanitaria y de sus aplicaciones médicas. En este caso, las variables con valor orientativo, de asesoramiento y apoyo a las decisiones de los directivos del hospital relacionadas con la utilización de los equipos electromédicos se agrupan, según ha explicado Bagnaresi, en cuatro rangos: “Asociadas al estado y uso del equipo, al mercado, a aspectos clínicos y al mantenimiento de los aparatos”.

En la primera categoría se incluyen –siempre según este científico– el estado funcional del equipo de tecnología médica y su seguridad eléctrica. En la segunda, se sitúan los elementos vinculados a la obsolescencia de las máquinas y a su posible descatalogación: “Un equipo electromédico puede ser obsoleto por varias razones; por ejemplo, si se ha dejado de fabricar por la casa comercial, nuestro modelo lo registra como de prioridad elevada para que sea sustituido por otro. Pero también podemos hablar de una descatalogación parcial si, por ejemplo, deja de fabricarse una tarjeta que usa el dispositivo en cuestión”.

Práctica clínica y mantenimiento

En lo que atañe a la práctica asistencial, la idoneidad clínica del producto también se mide en el modelo porque, en efecto, a medida que pasa el tiempo cambia la orientación diagnóstica y terapéutica de las enfermedades de modo que, a menudo, unas pruebas superan a otras y las apartan de la indicación preferente en cada entidad nosológica. Otras tres variables relacionadas con la clínica son la intensidad del uso del aparato (no es lo mismo el que se le da a un monitor multiparamétrico de la Unidad de Cuidados Intensivos –UCI– que a un equipo de resonancia magnética o a otro cualquiera que no requiera estar en funcionamiento las 24 horas del día); la criticidad, esto es, hasta qué punto se considera urgente e inaplazable su reemplazo (de nuevo, no es igual la premura con que debe ser sustituido un respirador de la UCI que el tensiómetro de una consulta externa); y la redundancia, que alude a las consecuencias de que determinado material tecnológico deje de utilizarse al resultar clave en la cadena de producción (por ejemplo, el caso de un aparato que mida un valor imprescindible para indicar la cirugía ante un cuadro patológico específico).

Por último, los dos parámetros restantes señalados a este periódico por Bagnaresi son los asociados al mantenimiento de la dotación tecnológica del hospital, en concreto la disponibilidad de los equipos electromédicos y el “tiempo de parada” en caso de avería –o sea, por cuánto tiempo se ha de prescindir de él–, y la fiabilidad, que sería del cien por cien si la máquina no se estropeara nunca y que incluye factores como el mantenimiento preventivo requerido por el dispositivo y la frecuencia de su utilización.

 

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